Al principio solo fue un temblor
Breve estremecimiento de roca
o una brisa erizando la piel -terriblemente sensible- del acantilado.
Cayeron tormentas
Las olas rompieron durante lunas toda su tristeza y su espuma
contra ese muro impenetrable de recias cavidades,
grutas marinas y líquenes trepando en una existencia
de precario equilibrio y pelos en la boca.
Poco a poco el temblor dejó paso a lo convulso en todas sus formas.
El estremecimiento del berrido no nato,
el predecible porvenir del derrumbe
y la avalancha de piedras suicidas o sensatas.
Y como todo lo que existe en la tierra
-y en la tierra sufre y deambula-
estando sujeto a la ley de la gravedad
terminó por desprenderse.
TRASLADO
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me he trasladado a la Fundición Imperdible a escribir, y a hacer algunas
cosas. oír música, leer, escribir, cantar, se pueden hacer mil cosas y
NOTEABUR...
Hace 1 semana

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