28 mayo 2014

Manecillas

La mezcla de rectitud y tortuoso
me tiñe y mármol de crema
este camino atemporal.
 
Hay un salto de cascada,
un abismo
y nueces.
 
Despertando entre brazos los días y la espuma de los días.
Y despertando
el pestañeo ávido,
el diluirse eterno,
la constancia de la sangre que circula.
 
Existen los domingos,
existieron en el lunes
en un calendario de fresas
sin patrones ni reloj.
 
Fecundo el desarrollo en el ahora
como camaleón y lengua
y las ventosas del apetito
consagran mi llamada mientras vibra un “hola”
en el vacío
-tempestad de saludo originario-
hacia el frío que no llega:
dirección y recorrido.

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