18 mayo 2007
lucy in the sky with diamonds
20 abril 2007
el olor de la menta
A aquella hora el zoco está siempre abarrotado. Nada más cruzar el arco de la antigua muralla, se encuentra la calle principal y, de repente, el goteo de gente se vuelve denso. Empieza a ser difícil caminar sin tropezar constantemente con alguien o meter el pie en algún socavón o charco de la calzada.
Inmediatamente, la chica se siente sobrecogida por una intensa ráfaga de olores y se abraza más fuerte a la cintura del chico. Son una pareja extranjera y, aunque están mezclados en la inmensidad del zoco marroquí, se les distingue claramente entre la multitud. Ella tiene el pelo largo y los ojos verdes. Es joven y bonita. La camiseta de tirantes deja ver sus blancos brazos y los hombres que pasan a su lado la miran descaradamente. Él es alto, rubio. Tiene el pelo largo y enredado. La navidad pasada decidió dejar de peinarselo. Le cae por los hombros acentuando la expresión aniñada de su rostro. Hacen buena pareja.
Los dos extranjeros caminan lentamente entre la gente y observan el bullicio como si fueran dos personajes ajenos al escenario del zoco, pasivos espectadores de una película muy real. Observan los puestos ambulantes de pan recién hecho, los de apetitosa fruta, las piezas de carne despedazadas tendidas al aire. Los aromas se mezclan con el ir y venir de las personas. A veces, canela; otras, intenso curry y, siempre, acompañándoles, el rastro del olor de la menta.
La vida en el zoco es rápida. A menudo tienen que apartarse del camino para evitar ser atropellados por algún carro o bicicleta temeraria. Sin embargo, él camina despacio, como si llevase el peso de toda su vida en las piernas, como si fuera consciente de su existencia a cada paso. Camina y parece tan seguro de sí mismo… Ella le mira y sonríe. Aprieta su cintura con la mano y se deja contagiar por ese ritmo lento. Cierra los ojos. Abrazada a la camisa de cuadros del chico rubio se siente segura, así que decide no volver a abrirlos. Atraviesa el zoco a oscuras pero con los demás sentidos más despiertos que nunca. Tacto, oído, olfato. La sensación es tan intensa que, por un momento, desea no salir de ese universo de sentidos redescubiertos.
Minutos más tarde, en una playa cercana, una ola termina empapándoles de agua. “El mundo es algo mágico”, le dice ella justo antes de encontrar una triste concha blanca.
19 abril 2007
18 marzo 2007
esfera paralela
13 marzo 2007
12 marzo 2007
08 marzo 2007
vinculante
como sacrificio de reloj a mediodía,
cuando resuena el tambor de sangre
y nadie quiere asumir pecados
¿y si los dioses no admiten reglas?
condicional lee en mi las agujas
el fino metal que rompe pieles
punzando sobre la sien con hierro encendido
no es si no cláusula de la Reconquista
me llevan con ellos, por el desagüe, todos los pactos firmados
03 marzo 2007
vaya tela el corán
Hoy ha sido un día realmente largo, así que no es mala idea terminarlo tranquila, bebiéndome una copa, agradablemente recostada sobre mi cama gigante y mi teclado, siempre tan atento. En estas últimas 24 horas he sido víctima de una revolución emocional: todos los estados de ánimo posibles se han batido en duelo para acaparar una posición dominante en el trono de mi cabeza. Al final he ganado yo, la chica normal y corriente; la que hoy no tiene ni porros ni compañía en las primeras horas del sábado. A un lado el Corán y, al otro, ron negrita. Menuda blasfemia. 100% "haram".
Dentro de 3 semanas me voy a Marruecos. Esta va a ser mi 3ª visita a "al magreb". Mi madre pregunta que si no tengo más países que visitar. La pregunta está mal formulada, porque, en realidad, debería preguntarse "qué países no quiero visitar". Voy a ponerme a hacer una lista mental antes de dormir.
Mahoma es un personaje muy curioso. Espero aprobar mística islámica. El profesor no me ha dado muy buen rollo, la verdad. No es mal tío tampoco, y creo que voy a aprender (lo más importante en esta historia, ¿no?) pero acostumbrada a la ineptitud de los "renombrados" profes de mi facultad, los de filología árabe parecen, más bien, "profesores de verdad". Acojona, ¿eh?
No entiendo a las grandes religiones monoteístas. Judaísmo, cristianismo, islám. Son tan parecidas en tantas cosas que dan ganas de vomitar. Menudo fraticidio. ¿Realmente somos tan influenciables? Nosotrxs, educadxs en la religión cristiana, sin tener, en la mayoría de los casos, ni puta idea de lo significa, teniendo prejuicios contra una religión con la que hemos convivido siglos... ¿Algunx de nosotrxs tiene idea de en qué se basa nuestra propia religión? ¿Cómo podemos ponernos a juzgar cualquier religión existente? Hay demasiados temas sobre los que autoreflexionar como para pararse a analizar la viga en el ojo ajeno.
Voy a seguir con el Corán un rato antes de acostarme, a ver si, encontrando aún más puntos de conexión con mi cultura, descubro alguna pista...
01 marzo 2007
viéndolas venir...
Estas personas son los verdaderos secundarios de la película. Son marionetas de repuesto que el cuentacuentos emplea como último recurso, cuando, por ejemplo, se ha quedado sin cuento que contar, o bien cuando el resto de muñecos está ocupado representando otras funciones. Es en ese instante cuando el cuentacuentos repara en la pequeña marioneta olvidada en el fondo del baúl y la hace entrar en escena. Hay personas que son así. De vez en cuando asoman la cabeza tras las bambalinas, se dejan ver, dan un paseo más o menos escandaloso por el escenario y se vuelven a ocultar a la espera de lo que, o bien el “destino”, o bien la “suerte”, quiera disponer.
Hay personajes que entran y salen del guión sin que nosotros podamos decidirlo. Cuando todo lo externo, todo lo ajeno a las propias decisiones conjura en una dirección determinada, es mejor relajarse en la butaca y ser espectador. Si es verdad que cada uno tiene su papel en este teatro, dejemos entonces que cada uno lo represente libremente. Mantener una puerta abierta al exterior nos puede reportar muchas sorpresas. Aunque estas marionetas tengan solamente un par de frases en el guión, aunque interpretemos a su lado apenas unos días de parafernalia sobreactuada, a veces dejan huellas que, por sí solas, podrían evocar obras de teatro enteras.
28 febrero 2007
reencuentros
Es tan fácil como volar
Aprender de gravedades mutiladas
Y cerrar los ojos.
Islas en tierra dragones de plastilina
Todo se vuelve real al chasquear los dedos.
Es tan fácil como sentir,
Dormitar al caer la tarde
Y bombones en la boca
-"Dame tiempo para pensar
Si realmente siento lo que digo
Si creo en el Dogma de la vida
Como creo en besos justos"
Bailar el agua en dos canciones
Y venga, vamos a dormir, tres tristes sueños en la cama.
Déjame las hojas regadas
Tinta de los caprichos
Picnic en el césped lluvia sin paraguas
Post data: sedienta sin sed busca almohada
Sólo son las hojas que acuden bailando a las aceras mojadas,
Son mis pupilas temerosas saltando por tus rasgos.
Así como el sendero se bifurca en la palma de la mano,
Camas vacías navégame en la espalda
Ceniza aullando desayuno sin diamantes
Y por abrigo soledad del cuaderno azul.
Quémame en la noche, Ulises sin lengua
Todas las voces que llevan a Ítaca.
-
Y yo te doy y tú me das bocas rojas grandes llamaradas.
A veces me despierto ausente
Y no entiendo el por qué los elementos conjuran a ciegas
Yo tan fuego, tú tan tierra
Tan poco espacio dentro para deshacer los dones,
Las virtudes regaladas
Y tan pocas las ganas de mentirme...
Al final el fuego entiende de pecados.
27 febrero 2007
congelada
Triste escondite del tedio y, mientras tanto, balanceo de pie en duda
La supervivencia cuelga horas del zapato
Zancada ciega pisando los días
Desde el mar de mi cama, sólo reflejo compás
Hueco oculto atando cabos, Jimi Hendrix y los ángeles
Entre los dedos, como cabello enredado, ascienden las curvas
Resbalando en la calzada suela vieja, ni siquiera evito charcos
Y todo retorna al seno, cuenta atrás
En medio de la isla de almíbar, decido descansar de arena
26 febrero 2007
sinestesia
25 febrero 2007
21 febrero 2007
busco a josu
Todo empezó, o mejor dicho, terminó, cuando se me estropeó el teléfono móvil y perdí su número hace ya casi 3 años. Por aquel entonces, josu y yo ya habíamos perdido mucha relación y sólamente nos llamábamos un par de veces al año para ver qué tal iba todo. Lo último que supe es que se había vuelto un "comeflores" y que estaba trabajando de forestal. Se ve que por fin se había echado novia, además mayor que él, así que debía estar aprendiendo de lo lindo si tenemos en cuenta que, hasta poco antes, el josu era virgen, algo que nunca llegué a entender, entre otras cosas...
Nos conocimos en el chat, probablemente en el canal "antifascista", "punk_patatero" o algún nombre del estilo. Teníamos unos 16 años y la verdad es que nos lo pasabamos muy bien juntos. Josu era un punki adolescente en toda regla. Mallas rotas y camisetas que él mismo se apañaba tintándolas y rehaciéndolas con imperdibles, escapadas de casa, cartones de vino, problemas buscados y demás parafernalia perro flaútica. Qué decir tiene que me gustaba un montón.
Chateábamos bastante, hablábamos de vez en cuando por teléfono, y nos mandábamos fotografías curiosas que desvelasen el secreto de nuestros rostros. Había entre josu y yo una llama divertida e inocente que ninguno sabía (o quería) alimentar. El caso es que tras años de conversaciones en red, lejanamente atadas por impulsos eléctricos, yo me fui a vivir a madrid y decidimos desvelar el misterio de una vez por todas.
Era moreno de piel, con el pelo revuelto y ojos brillantes. Nos reconocimos al momento. Había venido a pasar la noche a madrid con unos amigos así que les acompañé en su travesía nocturna en lo que, probablemente, sea una de las noches que más recuerdo de mi primer año de carrera. Fue divertido. Poco bar, mucho callejeo. Nos besamos todo lo que no nos habíamos podido besar en esos años y terminamos tirados en el metro, buscando un sitio donde descansar a las 8 de la mañana. Les acompañé a atocha a eso de las 11 ó 12, cogieron el tren y josu se fue prometiendo volver a la semana siguiente, algo que nunca llegó a suceder.
No sé realmente porqué perdimos el contacto. Yo tampoco me acerqué a verle, la verdad, pero aún así, no entiendo cómo se llegan a perder los lazos y relaciones.
Tras ese encuentro sólo hemos hablado en contadas ocasiones, pero una vez perdido el móvil con su número dentro, hasta esas llamadas se han vuelto imposibles. He intentado buscarle por internet, encontrar en viejas agendas un número de teléfono apuntado en alguna esquina, hasta he mirado en la guía telefónica cuántos "delgado" hay en cuenca para llamar uno a uno y lograr saber de él. El día que se me crucen los cables lo haré. Intentaré encontrarle. Será una hazaña dentro del mar de las casualidades. La verdad es que me encantaría saber qué ha sido de su vida. Si le conoces, dile que le busco.
20 febrero 2007
círculo
Hay promesas que duran apenas los días de una estación. “No volveré a...”, “a partir de ahora...”, “es la última vez que...”, y, poco a poco, cada hoja que cae con el otoño o brota en primavera, se lleva una a una las letras de la frase, hasta que ya no queda promesa que conservar.
“De ese agua no beberé” es un temerario juramento que sólo surge en medio de la abundancia, cuando creemos que, realmente, nunca más habrá sequía. Pero hay emociones inevitables, más letales que la propia sed, a las que regresamos una y otra vez, cayendo irremediablemente en la misma piedra que juramos no volver a pisar.
Una vez cometido el “crimen”, se suele usar otra frase hecha que me gusta especialmente: “tragar las propias palabras”. Me parece realmente gráfica, una convincente adaptación lingüística que describe limpiamente la amarga sensación del arrepentimiento.
Hay promesas que nunca deberían salir del corazón, porque, precisamente, son esas las piedras más recurrentes, las que hacen tragar palabras en el camino. Ya no me fío de mi misma. No sirve de nada lanzar juramentos al aire teniendo dentro un corazón tan rojo...
15 febrero 2007
El de ahora
El de siempre
06 febrero 2007
caballos alados

parece mentira cómo mueren los momentos. cómo instantes que ahora tocas y muerdes se diluyen con el tiempo hasta ser simple quimera, algo que vagamente creíste soñar, aunque haya fotografías que corroboren lo contrario. nunca estamos preparados para perder pedazos de vida.
ayer, por fin, me compré unas banderas tibetanas. son de varios colores y en cada una hay una oración y, en el centro del rezo, un caballo alado. dice la tradición que hay que escribir alrededor de ellas los nombres de la gente que queremos y que, cuando el viento las agita, los caballos rezan las oraciones para proteger a esas personas.
echo de menos huecos de mi pasado. me siento desconectada. echo de menos a un amigo que ni siquiera lo fue nunca. ayer, al escribir su nombre en la bandera, casi me echo a llorar. es una pena que el tiempo descubra el pastel: qué fue real, qué no lo fue y porqué ahora, tiempo después y sin heridas, nada tiene sentido. supongo que hay cosas que nunca se llegan a superar.
espero que cada vez que el viento mueva las banderas, él, esté donde esté, se sienta protegido.
04 febrero 2007
desatención cortés
He abierto la puerta del banco y me he acercado al cajero automático. No sabía si el hombre estaría dormido o no. Fuera hace un frío horrible. El día no puede estar más gris. Mientras espero que la máquina termine de expender el dinero le oigo toser. Está despierto. A lo peor enfermo y, desde luego, solo. Me siento fatal. Me gustaría acercarme y preguntarle si necesita algo pero ni siquiera le veo el pelo asomando por la manta, así que, egoísta o solidariamente, le dejo tranquilo. Pero cuando salgo a la calle me doy cuenta de que él sale también conmigo, no se despega de mi mente. Su fantasma se ha puesto a caminar a mi lado narrándome su vida y me explica cómo y porqué ha terminado durmiendo en el cajero del final de la calle. Estoy pensando en comprarle algo caliente de beber y, aunque sea, dejárselo al lado con un simple “buenos días” y marcharme con mi remordimiento a otra parte.
Me alejo pensando en la marginación, en estos “puntos de acceso” a los agujeros institucionales. Me aterra pensar en la capacidad que tenemos los que estamos “dentro” para hacer ojos ciegos ante la realidad. Para obviar rostros y mantas. Las personas olvidadas e invisibles son olvidadas e invisibles sólo para que nosotros podamos continuar nuestra vida sin variar ni un ápice de la rutina occidental. Imagino una bolsa llena de canicas, y cada canica un acto, y cada acto, algo prescindible de lo que no queremos desprendernos. ¡Qué bien funciona el sistema!
Antes de cruzar el paso de cebra, a tan sólo 50 metros del cajero, veo en la esquina al señor que, casi todos los días, excepto los de lluvia y alguna que otra ausencia, pide limosna sosteniendo un cartón que anuncia desgracias. Es increíble las horas que pasa ahí ese hombre, de rodillas, con el cartón en la mano y barba de una semana. Si hace frío, se revuelve en su bufanda y sus ojos miran más despacio. Cuando hace calor, sonríe más, o más tristemente. Suele tener a su lado una pequeña radio y a veces está sentado sobre una endeble sillita de playa que parece chirriar desde su injusta posición. Le dejo unas monedas en la taza verde de metal y continúo camino del supermercado.
Sigo pensando en comprarle al hombre del cajero alguna de estas bebidas que se calientan solas o algo de comer... ¿Cómo hemos alcanzado este punto de desconexión entre unos y otros? ¿Cómo es posible que lleguemos a ver como extraño a alguien de nuestra misma especie? Goffman definió este comportamiento como “desatención cortés”: hacer ver que los otros no existen para no generar comportamientos de desconfianza: para pasar desapercibido.
Cuando llego al supermercado, está, como de costumbre, el chico negro que abre la puerta a la espera de una recompensa.. Me saluda sonriente, “qué tal, chica”. Tiene pinta de ser buen tío. La verdad es que es simpático y su enorme sonrisa genera confianza. Ahora, mientras recorro los angostos pasillos llenos de productos baratos y, probablemente, radioactivos, pienso en él abriendo y cerrando la puerta durante todo el santo día. Voy llenando la cesta, metiendo más canicas en la bolsa sin pensar muy bien en la responsabilidad que supone cada una de ellas. Efecto mariposa. Recuerdo que en la puerta del supermercado de más abajo hay otro hombre, de mediana edad y con rasgos centroeuropeos, desempeñando el mismo trabajo. Me gustaría conocer las relaciones que existen entre los sin techo y los mendigos, cuáles son sus normas internas como colectivo. Seguro que entre ellos tienen códigos que limitan su radio de actuación. “Tú, este supermercado, yo, este cajero”. Por eso Vlad, el acordeonista rumano que toca siempre canciones tristes debajo de mi portal, sólo se pone en la esquina del paso de cebra los días que, casualmente, no está el hombre de la taza verde. Vlad no lleva mucho en España y casi no habla castellano. Siempre me dice “no totontiendo” y le hacen gracia las pelotas naranjas de malabares.
Al salir del supermercado me quedan sólo un par de monedas, pero al final no le puedo llevar nada al indigente del cajero. El chico del super me abre la puerta y me para un momento. Me dice “ey, chica! ¿qué tal?”. Tiene ganas de conversación. Quiere saber dónde estudio y me pide dinero para comer. Le doy a él las monedas y me dirijo a casa cargada con bolsas llenas de canicas.
Qué momento más real.


