08 noviembre 2012

Como pez en el agua

Hola, buenos días, hablar del tiempo, preguntar por la familia, pedir un kilo de patatas, buenas tardes, pagar la cerveza, ¿a qué piso va?, cuidado con el perro, pues parece que ha quedado buena tarde, la siguiente calle a la derecha.
¿Dónde queda el espacio en este vasto mar para hablar de otra cosa que no sean palabras de peces?

veintegotas

Sólo hicieron falta 20 gotas para llenarme, rebasarme, causar la extinción de todas las especies de amor de fauna terrestre, acuática y de la vida de los astros.

20 gotas y se inundó todo. Me ahogo. No me cabe más en el pecho.
La gota 21 es un puñal en piezas de puzzle,
es hecatombe y dueña del futuro desatando el caos
en este reino que gobierno con poco tino.

Picos, pupilas, escamas y mares.

Instrucciones en el envase.
Conecto a la red tu interruptor
Abro la puerta y carrusel.

Cuenco hecho con manos
Con la boca abierta pidiendo
cuando el beso es agua y precipita 20 gotas,
matemática de lengua en el valle

Por su propio peso, porque no se puede evitar ser víctima de la gravedad de los cuerpos
Por el grosor de la expectativa y una página descalza.

Cuando línea de fuga y línea de meta y línea del folio
Son lo mismo.

Línea con la que perpetrar un récord.
Varios puntos aleatorios que, unidos, conducen al mismo punto:
ese que tú llamas labio,
el que yo llamo gota
y que apellido océano que se apoya en la sangre.

Chitón


Habla más bajo, corazón. Que parezcas mudo, que torpe y quedo apenas balbucees su nombre hasta que desaparezca lo evidente y su verbo y su piel sean sólo distancia.
Habla más bajo, corazón. Camufla la risa, ahoga el gemido y sube la música de fondo, esa que se pone en lugar de una incómoda espera hasta que la afasia-quizá de tus arterias pare de bombear la presencia onírica, el despertar brusco y frío, trabalenguas que los gatos se comieron.
Habla más bajo, habla otro idioma, habla hacia adentro. Habla sólo conmigo, o a la pared, o al papel eterno. Habla más bajo pero aprende.
Este es un camino de ida: dos piernas y una oportunidad.
Habla más bajo y siente menos. Papel de periódico antigrasa, envuélvete y chorrea eso que te sobra. Camino por la calle bajo la lluvia picoteando los restos, el aperitivo caliente de los amores extrauterinos en un cono de papel que contiene de todo menos palomitas.
Que grita como si le hubieran clavado la punto del bolígrafo en la mano que no, que todavía no ha aprendido la lección, que los bancos de clase están vacíos, dan las 5 y cuarto en el reloj y él sigue escribiendo “no volveré a gritar verdades” hasta 300 veces en el cuaderno de ejercicios.
Habla más bajo y lava los trapos sucios con métodos sutiles. Sin lejía, sin frotar, sólo con la respiración acompasada, con control muscular y candados en unas manos que siempre tocan mucho.

Sin saber


Sin saber de qué, qué
De qué hablar-escribir-pensar que resulta que son lo mismo sólo que con variación en el punto de acción del emisor-receptor; que el lenguaje, el mensaje, está intacto porque te hablo-te escribo-te pienso y de ahí al divorcio de las letras sólo hay un paso que estoy vacilando si dar o no dar. Ya. Salto. Casilla de la oca. Tengo la ficha roja y avanzo un 6 de los dados benevolentes de la diosa del azar.
La ignorancia, sin saber de qué, qué, va a una fiesta de disfraces vestida de filósofa presocrática, se pone fina a cubatas y se acerca, felina, a hablarle a la inteligencia con el pecho desnudo. Flechazo instantáneo. Están hechas para romper la una a la otra en algo más íntegro. El cuadro solitario que cuesta el salario completo de 10 familias durante todo un año permanece colgado en la galería de arte sin saber de qué, qué.
Hay un pozo, un aljibe romano que descansa bajo los cimientos de la casa de mis abuelos que, sin saber de qué, qué, podría desencadenar una ristra de turistas interesados en el románico aragonés haciendo cola para fotografiar el pozo al lado de la ristra de chorizos, setas deshidratadas y almendras que hay en la bodega familiar.
Y las cosas que sin saber de qué, qué parecen calientes, lo son. Y mucho. Y si las tocas sin saberlo, te queman. Mira: aquí está la marca, señal cicatriz que me hice sin saber. Ahora lo sé, así que sólo toco cosas frías. Hielo, por ejemplo. Y me visto con ropa térmica, eso sí.

Afasia

Desde dentro se escuchó un gemido.
Fue al quebrarse,
Fue la marca de la ausencia,
La campana al ocaso

Fue el inicio

De finales, María hablará de finales
Cuando se canse de parir
cosmogonía y agonía

Cuando se canse de estar cansada:
"Derribar todo para empezar de nuevo",
"La pasión de destruir es una pasión constructiva"
Y de tanto cavilar para entenderlo, al final, soy martillo

¿Desde dentro alguna vez te quedaste sin respiración?
Desde dentro se oyó un gemido
Fue al quebrarse
otra vez más
           Maldito corazón sin garantía

Fue al sacarse el apéndice vértice
punto de inflexión
perdón que no llega nunca

Fue al entender que la soledad
siempre estuvo en el mismo sitio

Gemido. Aceptar. Desde dentro

Vivir entre dos paréntesis.
Vivir en duda y en puntos suspensivos
Vivir en un pictograma, en un jeroglífico
en código morse, en un gesto manual.










libre asociación libre

Hielo - escarcha - alud - nieve - frío - cadena - navidad - origen - destrucción

Siempre llego a la ruptura.

Triángulo

Yo, miento
Tú, escuchas
Él, mira
Y el triángulo crece isósceles, isósceles, isósceles
Hasta hacernos dos extraños que duermen juntos

Una parte de mi es vértigo; la otra, es lenguaje


Se aprende a hablar antes de adquirir equilibrio. Los primeros pasos -agarrando fuerte con las manitas todavía demasiado pequeñas como para no usar un diminutivo infantil- ya se dan con la conciencia de entender las palabras de aliento y la cadencia de las expresiones que en cualquier idioma suenan igual para expresar aprobación o desprecio.
Me levanté, me mareé y me caí sabiendo siempre cómo quejarme, cómo exclamar un “ay”, un “ayuda” y un “lo lograremos”. ¿Juntos?
¿Me persigue acaso el plural de los brotes, el colectivo microscópico de múltiples vidas en un centímetro cuadrado de selva?
¿Juntos?
¿Aprender a andar y a hablar para andar siempre sola haciendo comentarios individuales que nadie responde ni siquiera con una leve inclinación de cabeza en plan “entiendo perfectamente lo que dices”?
Hablo y camino por mi cuerpo, de arriba a abajo buscando el desperfecto inicial, la grieta primitiva, la humedad desgastada.
Hablo y camino por mi cuerpo comiéndome en espiral.
El oído es el causante del buen equilibrio.
Algo falla si no escucho más allá de mi voz, del monólogo del cerebro reptiliano que, en realidad, se contenta con sexo, comida y caricias en la espalda.
Es el apuntador recordando los versos siguientes desde su caja, la arenga vital y, a partir de ahí, puro teatro, jerseys, bufandas y mantas, muchas mantas cubriendo los rotos de la vida.
El cerebro reptiliano- soy anfibia
Con la casa-culpa a cuestas me cuesta reconocer el hogar al que no supe llamar hogar. Ventanas azules, verdes escaleras y, si tiene un techo, es cobijo.
Me guarezco, pierdo el equilibrio y termino cayendo en un lecho de plumas suaves que después me exige pagar el alquiler por adelantado.
Mitad mareo – medio marea. Subo luna y asciendo hacia tus besos.
De los labios salen palabras y a los labios va el silencio.
Se queda cicatrizando más lo dicho que lo callado aunque a veces, la ausencia de conversaciones sea el peor arma de destrucción masiva para quien anda y habla.
Pasito a paso, sílaba a sílaba me repito hacia adentro todo lo que espero llegar a decirte algún día hacia afuera.
Gritando sobre mis piernas, me levantaré, haré un catering con mis cadenas, se las ofreceré al mundo en forma de delicados canapés de hierro y, ya sin andar, ahora por fin volando, brotará la verdad como canción desde el pecho.

..Cosas inevitables...


Rascarse donde pica
Comer con los ojos
Leer una frase publicitaria
Bostezar cuando lo hace otro
Cerrar los ojos y echar una cabezada en el trayecto del 168 bajo la lluvia
Desnudarse cuando hace calor
Vomitar el litro y medio de vino
Fumar después de comer
Darle un beso a un bebé en el moflete
Estirarse tras la siesta
Meter las manos en “eso que parece tan suave”
Tararear la canción
Quedarse sólounratitomás bajo el agua caliente de la ducha
Soñar
Comerse las uñas
Explotar un grano
Asomarse a una ventana desde un piso muy alto
Reírse cuando alguien tiene una caída tonta
Gestualizar cuando no sabemos explicarnos
Gestualizar cuando no nos oyen, como por ejemplo, desde el otro lado de la calle.
Llevar el ritmo con los pies en un concierto
Sudar al correr
Mirar a un chico guapo 
Fijarse en el título de los libros que lee la gente en el metro
Hablar con una amiga en mitad de una clase aburrida
Esquivar un charco profundo
Jugar con las gotas de lluvia que resbalan por la ventana
Dejar caer gotas de agua en la mesa para jugar a que hay lluvia
Llorar -a veces-
Mirar el correo electrónico
Despertarse cuando te da el sol en la cara
Adoptar un acento raro al vivir en otro país
Recuperar el acento propio al hablar con tus padres
Leer las noticias
Comerse el último trozo de tortilla de patatas
Perder aquel papelito donde anotaste aquel teléfono
Sacarse las bragas del culo y fijarse si se lleva la falda bien puesta
Toser
Quitarse una legaña
Enamorarse de ti

Où est la trêve?


Entre nous, c'était la guerre
Guerre de l'amour
Guerre de l'espoir
mais c'était la guerre, après tout




06 noviembre 2012

Bomba de relojería

El día que todo explote
me llamarán Meteorito

y la lluvia de estrellas
será el polvo que nunca eché,
el puñetazo que quise darte
un mordisco sin dientes.

El día que todo explote
-o que explote toda-

la granada que tengo en el pecho
regalará mis tetas al aire

y saldrá una larva de dentro

que se irá a anidar
lejos-sola
a cualquiera parte que se llame
biladi
uatni
dar inu.

El día que todo explote
descubriré que no tengo sangre
que mi regla es verde
y que soy daltónica.

Podré gritarte
¡AAAAAAAAAAH!
Porque no me importan tus tímpanos
ni tus caracoles ni tu
trompa de Eustaquio

-qué pesados todos queriendo ser músicos sin serlo-

Pero no explotará nada.
Nunca.

Porque no me atrevo a odiarte rápido.

Porque este veneno,
es veneno lento.

Porque mi torrente
Es garúa de dolor.

N'importe quoi

¿Acaso hay que mostrarse?
Mostrarse de esta forma impúdica
con un disfraz de un tal Anónimo
buscándose en el resto.
Hipócritas con seda.

¿Acaso hay que mostrarse?
El único público que necesito está dentro
El jurado que me absuelve el amor,
una madre siempre a mano,
la más triste en tu bruma.

No me importan los lectores,
Sólo me importan las lecturas.

Espacio mio y para mi
porque si vomito tu nombre
sólo quedarán vacíos.

13 octubre 2012

Tengo mono de


Adicción
Que me añado
que me apego
que me atrapa
el ámbar de tu córnea

que saliva
y succión
pegamento dérmico
para las ideas

Me poseen
los modismos nuevos
los tics corporales
el rictus tenso
la cara de pena

“Es mejor ser flexible que duro”,
“allá donde fueres haz lo que vieres”
y “guardar para vacas flacas” es imposible si te quiero

Y quiero comerme todo cuanto antes porque no soy ni flexible ni vaca ni flaca ni veo

Algunos seres vivos son capaces de camuflarse con el medio para cazar o evitar ser cazados
La mayoría de la gente pensará en el camaleón pero existen otros mucho más hábiles

como yo, por ejemplo, que me vuelvo invisible tras tu piel
y en el metro soy niebla
y caminando por la calle se me confunden los pies con el asfalto
de tanto camuflarme y camuflar lo que siento.

De tanta adicción
Me atrapa mi propia red de araña.  

10 octubre 2012

Mundo dislexia o fallo en Matrix


Primero fue la chica del nombre capicúa en 2007. O 2008, tal vez. Me parece que ella se acordará mejor que yo.
Luego, el chico de las gotas de agua que caían en la ducha con mi suciedad y el jabón y la suciedad otra vez.
Vaginas mentales.
Ahora, esto.

Algún día quizá vomite dentro todo lo que vomito fuera. Mientras tanto, seguirá siendo terreno vedado. 

Terreno vendado.

Puede ser que la primera censora tenga nombre de virgen. Y dice: " Esto a la parrilla" o "esto a la nevera". Para el día de la sequía -que espero llegue bien tarde-. Justo cuando se declare el estado de estrés hídrico y estalle la inocencia.

Justo para entonces.

08 septiembre 2012

Porque me da la gana

He pensado muchas veces en cerrar el blog pero he tenido dos revelaciones:

Una se llama Axel;  la otra, Buenos Aires; la importante, Giralima.

¿Había dicho dos revelaciones? Bueno, es que "no hay dos sin tres" o de cómo empezar un artículo y terminarlo en media hora.

Sin revisar


 Hay dos “cartas de una desconocida" (sin pie de nota, léase alusión a Stefan Zweig) que tengo que escribir. Una es para ti; la otra es para él; ninguna de las dos tiene que ver con el tercero en discordia, ni conmigo ni con nada que me revuelva más el estómago o lo visceral que el Trapiche Malbec. Así que empiezo contigo, por qué no. Ya que en teoría habíamos quedado esta tarde para escribir, empiezo contigo y con las proyecciones, con los trávelings hacia atrás del cine negro, con que te crees Hitchcok haciendo un primer plano de mis intuiciones, con que deletrear tu apellido es gracioso, con que me acordé el otro día precisamente de ti y precisamente de tu apellido en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, con tanto cartel político colgando, y los desaparecidos colgando, y el péndulo de Foucault colgando, como si todo fueran apéndices, apéndices de mi misma y de vidas pasadas que no sé porqué coño tengo que revivir ahora en este cuerpo que experimenta como en un Cheminova las combinaciones químicas que todavía no se le han ocurrido mezclar. Y llegas tú con tu niebla, tu nube o tu chacarera, como quieras llamarle. Con tu “vamos a decir metáforas para evitar lo evidente”, con tus lemon pies de otras mellando en mi debilidad primaria. Y ya no quiero hablar de ti porque en el autobús de camino a casa he pensado tanto en la película que podríamos rodar juntos que he llegado a nuestra tumba y todo ha sido tan rápido que he estado a punto de pasar de largo mi parada de Ángel Gallardo y Corrientes. Digamos que esta conversación de Boris Vian y del tiempo en el hilo narrativo ha sido un simple relato -microrelato- dentro de mi mente. Que tengo un Leon Tolstoi que vomita Anas Kareninas desde Villa Urquiza a Parque Centenario y que la estructura novelada que he visualizado es tan tú y tan yo que sería imprescindible escribirla entre los dos porque a mi sola me queda muy grande. Y tú y tú y tútú. La concepción de la amistad nunca me había parecido tan amplia. La acepción del beso, una oda; el adiós como cuchilla, un 71 arrollado por el tren.

A él le dejo para mañana. A él, que carece de todo pero con su nada me ahoga. Cada vez odio más hablar sin decir las cosas claras. Cada vez odio más a los poetas. Y estoy harta de no entrar en ninguna casilla, ni siquiera en el código postal de la poesía sincera.

A ver si me llega esa carta. A ver si escribimos el relato del que te acabo de hablar en algún rato perdido, como ejercicio intelectual, sin más: sin ningún vínculo que nos ate a nada.

Y después de eso, volar. Teclear sólo textos útiles que promuevan el comunismo libertario. Dejar de ser una para ser todas mis “yo”. Narrativa y poesía social como superación del individualismo. Exaltemos la otredad. Y seguir sintiendo que eres amigo antes que padre, que hermano, que poeta.

Por cierto, a colación del inicio: la verdadera “carta de una desconocida”, es el terror que siento al empezar a escribir. Porque todas las letras que vendrán detrás, no serán sino una crítica a mi presente conocido. Espérame, él. Espérame que llegará el día...

09 agosto 2012

Xirimiri en Almagro

Desde la última vez que entré aquí todo ha cambiado bastante. Y no sólo la interfaz de este espacio medio abandonado. Hablo de un Todo, de un Ser, de un Estar. Hablo de mí ante el mundo cartón piedra que se me presenta como escenario.

Prometo intentar ser más fiel a Giralima aunque el "prometer" y el "intentar" sean cajones opuestos en el baúl de mis intenciones.

Como siempre, girando.

Hoy a las 19.16 ha comenzado a llover xirimiri. Me he sentido como en casa. Y quiero compartir un poema para una persona que, quizá, entre a este rincón a encontrar respuestas que probablemente, sólo puedan darle mis palabras. Esta "oyente que sabe escuchar", entenderá sin duda de qué estoy hablando...


Xirimiri en Almagro


De esto nos acordaremos,
la vibración del bandoneón,
las yemas de vulva percutiendo el silencio
tan importante como el ruido,
tan ajenas al mundo de un buenos aires
que sólo vive para las eses de su nombre.

De esto nos acordaremos,
el polvo de años
paciente,
esperando la nota perfecta
en estantes de cuentos
antes de ser derribada,
victoria para el suspiro.

Me acordaré de la ceniza cayendo al suelo
protagonista manual
que sólo sabe morir si no importa dónde,
epílogo de baldosa caduca.

De esto nos acordaremos,
porque no se puede olvidar
una mueca amputada,
un dolor casi físico,
dolor del oyente que sabe escuchar.

Ella jugando con el pintalabios antes de actuar,

Antes de recitar gimiendo
(porque sólo así se canta el tango)
los paseos que nunca dimos por Corrientes y Florida.

De esto nos acordaremos,
de las tres sombras fúnebres que amenazaban en Medrano
hasta reparar en que eran un remisero,
un policía y un chico comiendo helado.

Bendito agosto.

El bulto en la esquina,
sin techo con mantas.

Y los pasos huecos frente a la olla popular
que se celebra los últimos viernes de mes
en Ángel Gallardo.

Cuando seamos viejitas
no nos acordaremos de mucho más,
pero sí nos acordaremos de esto.

De que escribimos poemas caminando por la calle
que al llegar a casa se diluían en la sangre como
alcohol evaporado antes de un control de carretera.

De que la única felicidad en esta urbe
fue compartida por una misma
que se llama yo aunque tenga otro nombre

Que se llama nosotras
Y los posibles
retozando en el filo del camino.

13 abril 2012

Los idiomas mienten. Lo único que dice la verdad son las calles que los habitan.

A de A...

Abrupta es la que busca un gurú, no un pasajero, no un ser simbiótico, no un hijo pidiendo.
Abrupta es la que confunde “amor” con un juez, con un dios, con un padre.
Abrupta tiene piernas y sabe usarlas si es necesario.
Pero no siempre es necesario andar para viajar lejos. No siempre.
A veces Abrupta mira dentro de sí y descubre un continente.
Primera en clavar la bandera sobre la cumbre más alta de sí misma. Primera en hacer la foto, en posar cual estrella sobre su montaña de heces y miedo y posando sin dientes, se cree, por un momento, que tiene derecho a posar así, como si fuera dueña de las heces y el miedo y pudiera sentirse orgullosa con la garantía de propietaria de esa gran mentira aferrada en la mano, la mano que suda y que posa eterna.
Abrupta suele pasar sed. Pero no sed de vino, que vino bebe y vino mama. Sí sed de sí misma, que no se bebe, ni se mama, ni se lame por terror a desgastarse, por terror, que dirán otros, a ser como el resto y difuminar su tristeza en la común tristeza de los mortales.

Abrupta el destello de la verdad,
luego, la duda del error,
luego, el fulgor del desacato,
luego, la sospecha del engaño,
luego, recela de la muerte.

05 noviembre 2011

Alambre

Después de buscar en el depósito de cadáveres de vivencias que tengo en la mente, (así es como imagino que se almacenan los recuerdos, en forma de cementerios de hologramas de vivos), me doy cuenta de que lo mejor y más eficaz es hablar del whisky que John bebe en el porche mientras Mary cocina pollo. Pero con frases más cortas que la anterior. Más o menos así. Oraciones sencillas para un mundo sencillo. Aborto de subordinadas. Todo fácil y práctico. Como describir la destreza de los dedos tecleando sobre el ordenador. Pequeños adjetivos en un mundo hiperadjetivado. Pero no es tan sencillo ser sencillo. Y a medida que pasan las letras sobre la pantalla me doy cuenta de que lo principal es ser fiel a una misma. No importa de qué hables, sólo importa la fidelidad. Y dejar de engañarse sobre quién somos, porqué estamos aquí, porqué tengo olfato y sentidos que me remiten a un mundo que no me quiere. El mundo no es el mejor amante. Lo grande puede contener a lo pequeño pero jamás cuidará las pequeñas particularidades que lo definen. Lo grande se ocupa de lo grande. Y el pequeño tiene que apañárselas solo.

Es el fin de la condolencia. Es el inicio de la pauperización de mi cuerpo. Y ambos extremos son lo mismo.

Comerse un alambre. Deglutir el anzuelo. Redes de piel.