17 junio 2007

indiferencia

me da igual pintar los colores porque la lluvia puede con todo,
puede con todo y los borra a medida que los pinto
los arrastra calle abajo formando charcos de crema

la lluvia puede con todo
con mi ínclita sonrisa de grapas, con las pisadas solitarias del metro,
puede con este palpitar que ni siquiera es mío
con las palabras que sólo se piensan, con aquellas que jamás decimos

me da igual este arco iris que no termina de descansar en el cielo
nube a nube cayendo espesa, vomita la lluvia sobre el pelo mojado
y me da igual porque no me importa el reposo, porque mato el conformismo
porque puedo caminar sólo si quiero para después decir que lloví descalza

no me importas tú ni el diluvio que te anuncia
no me importas tú ni las disculpas desbordadas
desde el principio de un nuevo vacío, marco el fin de los amores tormenta

14 junio 2007

extirpar

La confianza es débil de horas, pálida que me envidia y cierra la puerta al reposo de los latidos
La confianza se quiebra desde el vientre, sembrando castigo para curiosas sin remedio, deshaciéndose, tan rápida, tan juez del que llora

Desconfío de la certeza que regalan los minutos
De las emociones en rebajas prometiendo sin cartera
Desconfío desde la sangre que me aconseja anciana
Que me exige de inmediato una matanza,
Un doliente genocidio de ilusiones

07 junio 2007

Re-cortada

Atalaya llegó a casa y cerró la puerta de golpe, como queriendo dejar fuera con aire indolente todo lo que tuviera que ver con el exterior. Lanzó el sombrero al sofá de la entrada y, de camino a la cocina, decidió dejar de pensar durante esa noche.

En la calle hacía frío. Una temperatura poco corriente para principios de septiembre. Mientras abría la nevera, Atalaya recordó la voz del hombre del tiempo el día anterior anunciando una ola de frío. Se encogió de hombros y abrió el brick de zumo de melocotón y uva del Día. “Por mi como si graniza: no pienso salir...”. Eran sólo las 9 de la noche, estaba sola en casa y lo único que le apetecía de veras era comer chucherías y ver una peli... Sonaba tan típico que le entraron ganas de llorar.

A Atalaya le gustan las gominolas rojas. No sabe porqué, pero solamente le gustan rojas. Es consciente de que todo es cuestión de colorante, pero no puede evitar sentir un sabor diferente si se lleva a la boca una gominola que sea de otro color. El verde, por ejemplo, siempre le sabe a manzana; el azul, a piña... Un día decidió que el rojo era el que más le gustaba de todos. Según Atalaya, es el que sabe a más cosas a la vez. Así que, para iniciar su tranquila noche de viernes, bajó a la calle dispuesta a comprar una bolsa repleta de deliciosos dulces rojos. De pequeña, la primera vez que escuchó la expresión “endulzar la vida”, lo creyó tan literalmente, que está convencida de que eso sólo se consigue espolvoreando azúcar regularmente por la cabeza o, en su defecto, comiendo gominolas rojas. Si siempre le había funcionado, esta vez no podía fallar.

En ese mismo momento, una motocicleta azul está esperando a que cambie el color del semáforo en la calle Ríos Rosas. En cuestión de segundos, esa misma motocicleta girará hacia la derecha por Ponzano y en el paso de peatones atropellará a Atalaya Sinabrigo. El momento del siniestro sucede, exactamente, a las 21.04, según advertirá más tarde al SAMUR una pareja de ancianos que paseaban a su perrito por la calle. “Pobre chica, se quedó allí tirada como muerta”, se lamentaba la viejecita mientras acariciaba al animal.

05 junio 2007

historia de una noche

Aquella piel sabía a limón, recordó mientras terminaba el café. Hacía ya varios meses que no le veía, pero siempre que evocaba esos días que pasaron juntos le venía a la cabeza el sabor de su cuello. Tenía la piel suave. Aunque quería volverle a ver, nunca se atrevió a llamar tras la despedida. ¿Para qué? Apenas hablaron ni intimaron como se supone que hacen dos personas encerradas en una cama durante una semana. No compartieron secretos, ni descubrieron aficiones comunes. Lo suyo fue puramente sexual y ella lo supo muy bien desde el principio.
Cogió la mochila y salió a la calle. Había quedado en el dos de mayo con Clara y llegaba tarde así que decidió entrar en el metro. Como tenía 3 paradas por delante sacó un libro y se puso a leer. Odia los momentos muertos en el tren. Al salir a la calle recibió un mensaje. Era de su amiga. Se había encontrado con Marcos en el parque y lo sentía mucho pero se iba a ir con él porque tenían mil cosas que aclarar. Miró el reloj. Eran sólo las 10.30 y en la salida del metro de Tribunal ya había gente esperando. "Todo el mundo queda aquí" pensó mientras miraba a los grupos de jóvenes con las típicas bolsas del súper llenas de calimocho. La calle estaba bastante llena. No reconoció a nadie y siguió camino del dos de mayo, "aunque sea por darme un paseo", pensó.
Fue bajando la calle la Palma cuando le vió. Estaba dentro de un bar, sentado en una mesa que daba a la ventana... sólo. Se puso nerviosa y se paró en seco. Como tardaba demasiado en decidirse a entrar, estuvo a punto de dar media vuelta, porque no soporta enfrentarse a este tipo de situaciones sin espontaneidad. Terminó entrando. Al fin y al cabo, no iba a dejar pasar la oportunidad.
Él era muy tímido y no se dijeron gran cosa el uno al otro. Se limitaron a mirarse con una sonrisa estúpida en los labios y, después de una cerveza, se fueron a esconder a otro bar con bastante más ruido y menos luz. Fue entonces cuando comenzó el juego en el que él se esconde y ella le llama. Cayeron caricias derretidas, bailaban cada vez más cerca. Al cabo de unas horas estaban tan borrachos y había pasado tanto tiempo, que ella no recordaba bien el camino hasta su casa cuando cerraron el garito y salieron a la calle. Lo que sí recordó una vez en ella fue el tacto de su espalda, el olor de su cuello. Tras todos esos meses no había olvidado la presión exacta que sus manos, fuertes y amplias, ejercían sobre su cadera, ni esa forma de follar que le hace irresistible, ni los ojos azules de naúfrago. Más tarde, mientrás él dormía, se dedicó a memorizar su cuerpo, blanco y perfecto. Aprendió las líneas y curvas, excitántemente exactas que bordean su torso y aspiró el borde de sus labios, rozándolos levemente con la lengua.
A la mañana siguiente ella le besó con un beso de despedida que contenía todos los besos inventados. Se lo dió despacio pero sólo le dió uno. Era un beso triste. Quién sabe cuándo se volverán a ver.

estoy megalcohólica


Retornar a la melancolía siempre es dulce. El camino de vuelta se hace cada vez más familiar mientras la sensación de nube se apodera del espíritu. Pero la dulzura que transmite la melancolía no sabe a caramelo. Es una dulzura espesa y se agarra al estómago con fuerza. Su poder es tan intenso, que anega el paladar y prohíbe otros sabores mientras permanece en él. Qué camino tan interesante el recorrerse a una misma. Camino de ida y vuelta.


me gusta bajar al Hades de puntillas para prenderme en los ojos una fugaz mecha de pena
después robar la cama, ser princesa de sólo un cuento, abrirme a las dudas con rabia
y pasear por las ventanas que acecho, asomándome al balcón del deseo como quien mira el mar en un cuadro,
sentirme pequeña de regaliz cada vez que pierdo la mirada en las vías...
me gusta aprenderme de memoria el ciclo imperfecto, aquel en el que siempre termino herida y el mismo en el que hiero
matando, inocente, corazones con las manos
y saberme errante camino al Hades
con un puñal de melancolía arañando el pecho

27 mayo 2007

Náusea

Qué es peor, ¿la incertidumbre o la decepción? O lo que es lo mismo: qué es peor, ¿la espera o un final inesperado?

Amelie no puede hablar

¿Cómo se puede borrar algo que nunca se ha escrito? Últimamente muerdo las letras antes de escribirlas. Por culpa de la impaciencia, por tener el teclado atado a las manos sin magia ni hilo invisible. Por tener mucho tiempo libre para ocupar escribiendo y borrando. Cambiando verbos, preposiciones. Ahora sin adjetivo, ahora con duda, odiando el plural (o plurales). Muchas veces borrando todo lo escrito. Eliminando el rastro fugaz de las palabras con sólo un botón. Y siempre con la dulce impaciencia bailando en la yema de los dedos.
Releer desde la primera lectura; perseguir la frase perfecta; encontrar la secuencia exacta de palabras que logren transmitir fielmente la idea por la que, a su vez, han sido creadas.
Escribir es como realizar un puzzle infinito. Prescindir de una sóla palabra implica encajar de nuevo todas las demás y ese ejercicio de paciencia requiere tiempo. Por eso me encanta escribir con calma y dedicarle a cada frase el tiempo necesario, aunque luego termine borrando el fruto del esfuerzo sin miramientos.
Primero hay que pescar la idea o el pececillo escurridizo que navega por dentro de la cabeza y, después, una vez que está bien atado, hay que darle forma a través de las palabras. Paradójicamente, esa es la única forma de alumbrar de nuevo a la vida al pobre pez-idea. Es una pena que haya tan pocas palabras (y cada vez empleamos menos en la vida cotidiana) y que muchas de ellas sean insuficientes para devolverle a la idea su forma original. Estoy escuchando Amelie. Es tarde. Me gusta disfrutar de la soledad y escribir cosas sin sentido. Borrarlas.

24 mayo 2007

Yalal ad-Din Rumi

A propósito de un trabajo que tengo que hacer sobre la poesía de Rumi, dejo caer por aquí algunos versos del genial místico sufí, fundador de la orden de los derviches o girovagos. Animo, a quien le pique la curiosidad, a indagar más sobre el llamado "maestro de maestros".


Cuando estoy contigo, estamos despiertos toda la noche
Cuando no estas, no puedo dormir
¡Que Dios bendiga estas dos insomnias!
y la diferencia entre ellas
-
Durante años, copiando a los demás, traté de conocerme
Desde dentro no podía decidir que hacer
Incapaz de ver, escuche mi nombre
Luego, salí afuera
-
En las adoraciones y bendiciones de los hombres rectos
Las alabanzas de todos los profetas están amasadas juntas.
Todas sus alabanzas se mezclan en una corriente,
Todos los vasos se vacían en una sola jarra.
Pues El que es alabado es, de hecho, solamente Uno,
En este sentido todas las religiones son sólo una religión.
Porque todas las alabanzas están dirigidas hacia la luz de Dios,
Sus numerosas formas y figuras están tomadas de ella.
Los hombres nunca dirigen sus alabanzas sino al Ser considerado digno,
Se equivocan a través de opiniones erróneas de Él.
Así, cuando una luz cae sobre un muro,
Ese muro es un eslabón en conexión entre todos sus rayos;
Sin embargo cuando arroja ese reflejo de nuevo a su fuente,
Erróneamente muestra lo grande como pequeño, y detiene sus alabanzas.
O si la luna se refleja en un pozo,
Y alguien está pretendiendo alabar a la luna,
Aunque, por ignorancia, mira dentro del pozo.
El objeto de sus alabanzas es la luna, no su reflejo;
Su infidelidad surge del error de las circunstancias.
Ese hombre bien intencionado está equivocado en su error;
La luna está en el cielo, y él la supone en el pozo.
Por estos falsos ídolos la humanidad está perpleja,
Y conducida por vanas codicias a su dolor.

21 mayo 2007

interminable

atenta al baile del duende lisérgico que paso a paso baja al pozo
piedra a piedra, resbalando y ríe el duende mirada caramelo
atenta al gris de la música que suena
al metal estridente que rompe el suelo
dientes de espuma, pies de plomo
genocidio de relojes en la puerta de salida
rodillas quebradas las del duende lisérgico
espasmos en vela para mentes en blanco

18 mayo 2007

vía libre

"LA ÚNICA OPCIÓN ÉTICA ES EL DESEO"

lucy in the sky with diamonds

Cuando volví a abrir los ojos, la cometa de colores comenzaba a descender peligrosamente precipitándose hacia los arbustos de la orilla del río. Parecía un exótico pájaro herido cortando el viento sobre el azul del cielo. La chica que la manejaba tiraba del hilo con fuerza, viendo venir el inminente desastre de la cometa atrapada en las ramas. No pudo hacer nada por detenerla. Por más que estiró del hilo, el viento terminó empujando al pájaro de mentira de vuelta a la tierra. La chica se acercó a la orilla y comenzó a desenredar el hilo hábilmente atrapado en las espinosas ramas del arbusto. Volví a cerrar los ojos.

20 abril 2007

el olor de la menta

A aquella hora el zoco está siempre abarrotado. Nada más cruzar el arco de la antigua muralla, se encuentra la calle principal y, de repente, el goteo de gente se vuelve denso. Empieza a ser difícil caminar sin tropezar constantemente con alguien o meter el pie en algún socavón o charco de la calzada.
Inmediatamente, la chica se siente sobrecogida por una intensa ráfaga de olores y se abraza más fuerte a la cintura del chico. Son una pareja extranjera y, aunque están mezclados en la inmensidad del zoco marroquí, se les distingue claramente entre la multitud. Ella tiene el pelo largo y los ojos verdes. Es joven y bonita. La camiseta de tirantes deja ver sus blancos brazos y los hombres que pasan a su lado la miran descaradamente. Él es alto, rubio. Tiene el pelo largo y enredado. La navidad pasada decidió dejar de peinarselo. Le cae por los hombros acentuando la expresión aniñada de su rostro. Hacen buena pareja.
Los dos extranjeros caminan lentamente entre la gente y observan el bullicio como si fueran dos personajes ajenos al escenario del zoco, pasivos espectadores de una película muy real. Observan los puestos ambulantes de pan recién hecho, los de apetitosa fruta, las piezas de carne despedazadas tendidas al aire. Los aromas se mezclan con el ir y venir de las personas. A veces, canela; otras, intenso curry y, siempre, acompañándoles, el rastro del olor de la menta.
La vida en el zoco es rápida. A menudo tienen que apartarse del camino para evitar ser atropellados por algún carro o bicicleta temeraria. Sin embargo, él camina despacio, como si llevase el peso de toda su vida en las piernas, como si fuera consciente de su existencia a cada paso. Camina y parece tan seguro de sí mismo… Ella le mira y sonríe. Aprieta su cintura con la mano y se deja contagiar por ese ritmo lento. Cierra los ojos. Abrazada a la camisa de cuadros del chico rubio se siente segura, así que decide no volver a abrirlos. Atraviesa el zoco a oscuras pero con los demás sentidos más despiertos que nunca. Tacto, oído, olfato. La sensación es tan intensa que, por un momento, desea no salir de ese universo de sentidos redescubiertos.
Minutos más tarde, en una playa cercana, una ola termina empapándoles de agua. “El mundo es algo mágico”, le dice ella justo antes de encontrar una triste concha blanca.

18 marzo 2007

esfera paralela

¿en qué instante soy esfera y en cuál me torno mapa?
bola mágica en la mano, ardid del tacto eterno
no soy sino piel plena rodando
-
y me aferro a tu espalda giróvago del tiempo
y hundo curva aspiro aliento:
como pieza puzzle en tu colmena
sólo piel plena rodando

12 marzo 2007

naufragio en la cocina



veo caer, lentamente, la última gota que derrama el vaso
flota comiéndo aire, este leve azul de agua
veo lago lamiendo el borde, suicidio colectivo en la encimera
mientras lo inevitable roza el suelo, vuelve lluvia sobre mojado
("Imágenes binoculares", Víctor Mira)

08 marzo 2007

vinculante

condicional me sabe amargo
como sacrificio de reloj a mediodía,
cuando resuena el tambor de sangre
y nadie quiere asumir pecados

¿y si los dioses no admiten reglas?

condicional lee en mi las agujas
el fino metal que rompe pieles
punzando sobre la sien con hierro encendido
no es si no cláusula de la Reconquista

me llevan con ellos, por el desagüe, todos los pactos firmados

03 marzo 2007

vaya tela el corán

Es normal que no suene extraño todo aquello que alguien pueda decir con más de un par de copas en el estómago. Y es aún más normal que, después de un largo día, el resultado de nuestras divagaciones alcance límites insospechados tras ese famoso par de copas solitarias. "El tiempo es una mierda". Fin de la divagación.
Hoy ha sido un día realmente largo, así que no es mala idea terminarlo tranquila, bebiéndome una copa, agradablemente recostada sobre mi cama gigante y mi teclado, siempre tan atento. En estas últimas 24 horas he sido víctima de una revolución emocional: todos los estados de ánimo posibles se han batido en duelo para acaparar una posición dominante en el trono de mi cabeza. Al final he ganado yo, la chica normal y corriente; la que hoy no tiene ni porros ni compañía en las primeras horas del sábado. A un lado el Corán y, al otro, ron negrita. Menuda blasfemia. 100% "haram".
Dentro de 3 semanas me voy a Marruecos. Esta va a ser mi 3ª visita a "al magreb". Mi madre pregunta que si no tengo más países que visitar. La pregunta está mal formulada, porque, en realidad, debería preguntarse "qué países no quiero visitar". Voy a ponerme a hacer una lista mental antes de dormir.
Mahoma es un personaje muy curioso. Espero aprobar mística islámica. El profesor no me ha dado muy buen rollo, la verdad. No es mal tío tampoco, y creo que voy a aprender (lo más importante en esta historia, ¿no?) pero acostumbrada a la ineptitud de los "renombrados" profes de mi facultad, los de filología árabe parecen, más bien, "profesores de verdad". Acojona, ¿eh?
No entiendo a las grandes religiones monoteístas. Judaísmo, cristianismo, islám. Son tan parecidas en tantas cosas que dan ganas de vomitar. Menudo fraticidio. ¿Realmente somos tan influenciables? Nosotrxs, educadxs en la religión cristiana, sin tener, en la mayoría de los casos, ni puta idea de lo significa, teniendo prejuicios contra una religión con la que hemos convivido siglos... ¿Algunx de nosotrxs tiene idea de en qué se basa nuestra propia religión? ¿Cómo podemos ponernos a juzgar cualquier religión existente? Hay demasiados temas sobre los que autoreflexionar como para pararse a analizar la viga en el ojo ajeno.
Voy a seguir con el Corán un rato antes de acostarme, a ver si, encontrando aún más puntos de conexión con mi cultura, descubro alguna pista...
Vaya por dios! (nunca mejor dicho) se me ha terminado el cubata...

01 marzo 2007

viéndolas venir...

Algunas personas ejercen un extraño papel en nuestras vidas. Son aquellas que se cruzan en el camino sin cumplir una misión determinada, como puestos en medio de los acontecimientos por azar: ligados irremediablemente a nuestra historia a través de contactos fortuitos cuyos hilos sólo pueden ser manejados por algo más grande que la voluntad humana. Algo que muchos llaman "destino" y, otros tantos, más escépticos, llaman "suerte".

Estas personas son los verdaderos secundarios de la película. Son marionetas de repuesto que el cuentacuentos emplea como último recurso, cuando, por ejemplo, se ha quedado sin cuento que contar, o bien cuando el resto de muñecos está ocupado representando otras funciones. Es en ese instante cuando el cuentacuentos repara en la pequeña marioneta olvidada en el fondo del baúl y la hace entrar en escena. Hay personas que son así. De vez en cuando asoman la cabeza tras las bambalinas, se dejan ver, dan un paseo más o menos escandaloso por el escenario y se vuelven a ocultar a la espera de lo que, o bien el “destino”, o bien la “suerte”, quiera disponer.

Hay personajes que entran y salen del guión sin que nosotros podamos decidirlo. Cuando todo lo externo, todo lo ajeno a las propias decisiones conjura en una dirección determinada, es mejor relajarse en la butaca y ser espectador. Si es verdad que cada uno tiene su papel en este teatro, dejemos entonces que cada uno lo represente libremente. Mantener una puerta abierta al exterior nos puede reportar muchas sorpresas. Aunque estas marionetas tengan solamente un par de frases en el guión, aunque interpretemos a su lado apenas unos días de parafernalia sobreactuada, a veces dejan huellas que, por sí solas, podrían evocar obras de teatro enteras.

28 febrero 2007

reencuentros

Acabo de encontrar unas poesías perdidas desde hace casi 4 años. Después del reencuentro, (enorme sonrisa) he decidido rescatar estas pocas del olvido...


Es tan fácil como volar
Aprender de gravedades mutiladas
Y cerrar los ojos.
Islas en tierra dragones de plastilina
Todo se vuelve real al chasquear los dedos.
Es tan fácil como sentir,
Dormitar al caer la tarde
Y bombones en la boca
-"Dame tiempo para pensar
Si realmente siento lo que digo
Si creo en el Dogma de la vida
Como creo en besos justos"



Déjame que te devuelva el perfume
Bailar el agua en dos canciones
Y venga, vamos a dormir, tres tristes sueños en la cama.
Déjame las hojas regadas
Tinta de los caprichos
Picnic en el césped lluvia sin paraguas

Post data: sedienta sin sed busca almohada


Me gustas tú y tu piel de chocolate
Que seas tan niño para todo
Garabatear en tu nuca
Tú y tu olor a tierra.
Me gusta el calor de tus siempre tibias manos
Siempre tibios besos cuenco de algodón en la espalda.
Me gustas tú con tu calma de cera
Y los ojos perdidos deshaciendo las paredes
Abrazar irrealidades adormecida
Sabiendo que los recuerdos
Dejan de ser recuerdos tintados de tiempo verde.
-
Que oiga tu grito no es nada premeditado.
Sólo son las hojas que acuden bailando a las aceras mojadas,
Son mis pupilas temerosas saltando por tus rasgos.
Así como el sendero se bifurca en la palma de la mano,
También adoran los besos del pasado estos momentos fortuitos.
-
Ya revestidos cielos verdes
Camas vacías navégame en la espalda
Ceniza aullando desayuno sin diamantes
Y por abrigo soledad del cuaderno azul.
Quémame en la noche, Ulises sin lengua
Todas las voces que llevan a Ítaca.


-
A veces vaciamos las manos demasiado rápido
Y yo te doy y tú me das bocas rojas grandes llamaradas.
A veces me despierto ausente
Y no entiendo el por qué los elementos conjuran a ciegas
Yo tan fuego, tú tan tierra
Tan poco espacio dentro para deshacer los dones,
Las virtudes regaladas
Y tan pocas las ganas de mentirme...
Al final el fuego entiende de pecados.


27 febrero 2007

congelada

Vacío necesario como piel que tirita, así es mi espejo y mi sombra
Triste escondite del tedio y, mientras tanto, balanceo de pie en duda
La supervivencia cuelga horas del zapato
Zancada ciega pisando los días

Desde el mar de mi cama, sólo reflejo compás
Hueco oculto atando cabos, Jimi Hendrix y los ángeles
Entre los dedos, como cabello enredado, ascienden las curvas
Resbalando en la calzada suela vieja, ni siquiera evito charcos

Y todo retorna al seno, cuenta atrás
En medio de la isla de almíbar, decido descansar de arena

26 febrero 2007

sinestesia

A veces la música se puede tocar y se convierte en materia que envuelve alrededor. Ahora mismo estoy acariciando una canción tan sólo con escucharla. las notas de la guitarra se han vestido con la piel que añoro y se tumban aquí, a mi lado. Las veo salir del altavoz siendo azules y, a medida que danzan a mi alrededor, se transforman en su cuerpo, tierno y quedo, para ir a caer sobre el colchón como sonido y beso a un tiempo. A veces la música se puede tocar y duele más siendo carne, recordando que es sólo un recuerdo.

21 febrero 2007

busco a josu

Estoy buscando a una persona. Se llama Jose, aunque se hace llamar "josu", y es de Cuenca. Ahora mismo debe tener 23 ó 24 años. Le conocí hace unos 7 en internet y llevo un tiempo intentando encontrarle de nuevo.

Todo empezó, o mejor dicho, terminó, cuando se me estropeó el teléfono móvil y perdí su número hace ya casi 3 años. Por aquel entonces, josu y yo ya habíamos perdido mucha relación y sólamente nos llamábamos un par de veces al año para ver qué tal iba todo. Lo último que supe es que se había vuelto un "comeflores" y que estaba trabajando de forestal. Se ve que por fin se había echado novia, además mayor que él, así que debía estar aprendiendo de lo lindo si tenemos en cuenta que, hasta poco antes, el josu era virgen, algo que nunca llegué a entender, entre otras cosas...

Nos conocimos en el chat, probablemente en el canal "antifascista", "punk_patatero" o algún nombre del estilo. Teníamos unos 16 años y la verdad es que nos lo pasabamos muy bien juntos. Josu era un punki adolescente en toda regla. Mallas rotas y camisetas que él mismo se apañaba tintándolas y rehaciéndolas con imperdibles, escapadas de casa, cartones de vino, problemas buscados y demás parafernalia perro flaútica. Qué decir tiene que me gustaba un montón.
Chateábamos bastante, hablábamos de vez en cuando por teléfono, y nos mandábamos fotografías curiosas que desvelasen el secreto de nuestros rostros. Había entre josu y yo una llama divertida e inocente que ninguno sabía (o quería) alimentar. El caso es que tras años de conversaciones en red, lejanamente atadas por impulsos eléctricos, yo me fui a vivir a madrid y decidimos desvelar el misterio de una vez por todas.

Era moreno de piel, con el pelo revuelto y ojos brillantes. Nos reconocimos al momento. Había venido a pasar la noche a madrid con unos amigos así que les acompañé en su travesía nocturna en lo que, probablemente, sea una de las noches que más recuerdo de mi primer año de carrera. Fue divertido. Poco bar, mucho callejeo. Nos besamos todo lo que no nos habíamos podido besar en esos años y terminamos tirados en el metro, buscando un sitio donde descansar a las 8 de la mañana. Les acompañé a atocha a eso de las 11 ó 12, cogieron el tren y josu se fue prometiendo volver a la semana siguiente, algo que nunca llegó a suceder.
No sé realmente porqué perdimos el contacto. Yo tampoco me acerqué a verle, la verdad, pero aún así, no entiendo cómo se llegan a perder los lazos y relaciones.

Tras ese encuentro sólo hemos hablado en contadas ocasiones, pero una vez perdido el móvil con su número dentro, hasta esas llamadas se han vuelto imposibles. He intentado buscarle por internet, encontrar en viejas agendas un número de teléfono apuntado en alguna esquina, hasta he mirado en la guía telefónica cuántos "delgado" hay en cuenca para llamar uno a uno y lograr saber de él. El día que se me crucen los cables lo haré. Intentaré encontrarle. Será una hazaña dentro del mar de las casualidades. La verdad es que me encantaría saber qué ha sido de su vida. Si le conoces, dile que le busco.

20 febrero 2007

círculo

Hay promesas que duran apenas los días de una estación. “No volveré a...”, “a partir de ahora...”, “es la última vez que...”, y, poco a poco, cada hoja que cae con el otoño o brota en primavera, se lleva una a una las letras de la frase, hasta que ya no queda promesa que conservar.

“De ese agua no beberé” es un temerario juramento que sólo surge en medio de la abundancia, cuando creemos que, realmente, nunca más habrá sequía. Pero hay emociones inevitables, más letales que la propia sed, a las que regresamos una y otra vez, cayendo irremediablemente en la misma piedra que juramos no volver a pisar.

Una vez cometido el “crimen”, se suele usar otra frase hecha que me gusta especialmente: “tragar las propias palabras”. Me parece realmente gráfica, una convincente adaptación lingüística que describe limpiamente la amarga sensación del arrepentimiento.

Hay promesas que nunca deberían salir del corazón, porque, precisamente, son esas las piedras más recurrentes, las que hacen tragar palabras en el camino. Ya no me fío de mi misma. No sirve de nada lanzar juramentos al aire teniendo dentro un corazón tan rojo...

15 febrero 2007

El de ahora

RAYUELA, capítulo 7
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Julio Cortázar

El de siempre

RAYUELA, capítulo 68
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Julio Cortázar

06 febrero 2007

caballos alados


parece mentira cómo mueren los momentos. cómo instantes que ahora tocas y muerdes se diluyen con el tiempo hasta ser simple quimera, algo que vagamente creíste soñar, aunque haya fotografías que corroboren lo contrario. nunca estamos preparados para perder pedazos de vida.
ayer, por fin, me compré unas banderas tibetanas. son de varios colores y en cada una hay una oración y, en el centro del rezo, un caballo alado. dice la tradición que hay que escribir alrededor de ellas los nombres de la gente que queremos y que, cuando el viento las agita, los caballos rezan las oraciones para proteger a esas personas.
echo de menos huecos de mi pasado. me siento desconectada. echo de menos a un amigo que ni siquiera lo fue nunca. ayer, al escribir su nombre en la bandera, casi me echo a llorar. es una pena que el tiempo descubra el pastel: qué fue real, qué no lo fue y porqué ahora, tiempo después y sin heridas, nada tiene sentido. supongo que hay cosas que nunca se llegan a superar.
espero que cada vez que el viento mueva las banderas, él, esté donde esté, se sienta protegido.

04 febrero 2007

desatención cortés

Esta mañana he salido a hacer la compra. Primero he ido a sacar dinero al cajero del final de la calle y, al llegar a la puerta, he visto dentro al sin techo que suele refugiarse ahí los fines de semana tapado de la cabeza a los pies con una manta. Siempre me resulta incómodo encontrarme con él, aunque no estoy segura de si es el mismo, porque siempre está totalmente cubierto. Me siento culpable al perturbar su sueño para obtener, precisamente, algo de lo que él carece: dinero. El remordimiento se transforma en esa manta sucia, cobra vida y me arropa en el cajero del mismo modo que arropa al indigente. Encuentros en el umbral de la justicia.
He abierto la puerta del banco y me he acercado al cajero automático. No sabía si el hombre estaría dormido o no. Fuera hace un frío horrible. El día no puede estar más gris. Mientras espero que la máquina termine de expender el dinero le oigo toser. Está despierto. A lo peor enfermo y, desde luego, solo. Me siento fatal. Me gustaría acercarme y preguntarle si necesita algo pero ni siquiera le veo el pelo asomando por la manta, así que, egoísta o solidariamente, le dejo tranquilo. Pero cuando salgo a la calle me doy cuenta de que él sale también conmigo, no se despega de mi mente. Su fantasma se ha puesto a caminar a mi lado narrándome su vida y me explica cómo y porqué ha terminado durmiendo en el cajero del final de la calle. Estoy pensando en comprarle algo caliente de beber y, aunque sea, dejárselo al lado con un simple “buenos días” y marcharme con mi remordimiento a otra parte.
Me alejo pensando en la marginación, en estos “puntos de acceso” a los agujeros institucionales. Me aterra pensar en la capacidad que tenemos los que estamos “dentro” para hacer ojos ciegos ante la realidad. Para obviar rostros y mantas. Las personas olvidadas e invisibles son olvidadas e invisibles sólo para que nosotros podamos continuar nuestra vida sin variar ni un ápice de la rutina occidental. Imagino una bolsa llena de canicas, y cada canica un acto, y cada acto, algo prescindible de lo que no queremos desprendernos. ¡Qué bien funciona el sistema!
Antes de cruzar el paso de cebra, a tan sólo 50 metros del cajero, veo en la esquina al señor que, casi todos los días, excepto los de lluvia y alguna que otra ausencia, pide limosna sosteniendo un cartón que anuncia desgracias. Es increíble las horas que pasa ahí ese hombre, de rodillas, con el cartón en la mano y barba de una semana. Si hace frío, se revuelve en su bufanda y sus ojos miran más despacio. Cuando hace calor, sonríe más, o más tristemente. Suele tener a su lado una pequeña radio y a veces está sentado sobre una endeble sillita de playa que parece chirriar desde su injusta posición. Le dejo unas monedas en la taza verde de metal y continúo camino del supermercado.
Sigo pensando en comprarle al hombre del cajero alguna de estas bebidas que se calientan solas o algo de comer... ¿Cómo hemos alcanzado este punto de desconexión entre unos y otros? ¿Cómo es posible que lleguemos a ver como extraño a alguien de nuestra misma especie? Goffman definió este comportamiento como “desatención cortés”: hacer ver que los otros no existen para no generar comportamientos de desconfianza: para pasar desapercibido.
Cuando llego al supermercado, está, como de costumbre, el chico negro que abre la puerta a la espera de una recompensa.. Me saluda sonriente, “qué tal, chica”. Tiene pinta de ser buen tío. La verdad es que es simpático y su enorme sonrisa genera confianza. Ahora, mientras recorro los angostos pasillos llenos de productos baratos y, probablemente, radioactivos, pienso en él abriendo y cerrando la puerta durante todo el santo día. Voy llenando la cesta, metiendo más canicas en la bolsa sin pensar muy bien en la responsabilidad que supone cada una de ellas. Efecto mariposa. Recuerdo que en la puerta del supermercado de más abajo hay otro hombre, de mediana edad y con rasgos centroeuropeos, desempeñando el mismo trabajo. Me gustaría conocer las relaciones que existen entre los sin techo y los mendigos, cuáles son sus normas internas como colectivo. Seguro que entre ellos tienen códigos que limitan su radio de actuación. “Tú, este supermercado, yo, este cajero”. Por eso Vlad, el acordeonista rumano que toca siempre canciones tristes debajo de mi portal, sólo se pone en la esquina del paso de cebra los días que, casualmente, no está el hombre de la taza verde. Vlad no lleva mucho en España y casi no habla castellano. Siempre me dice “no totontiendo” y le hacen gracia las pelotas naranjas de malabares.
Al salir del supermercado me quedan sólo un par de monedas, pero al final no le puedo llevar nada al indigente del cajero. El chico del super me abre la puerta y me para un momento. Me dice “ey, chica! ¿qué tal?”. Tiene ganas de conversación. Quiere saber dónde estudio y me pide dinero para comer. Le doy a él las monedas y me dirijo a casa cargada con bolsas llenas de canicas.
Qué momento más real.

03 febrero 2007

Concienciándome

"La más larga caminata comienza con un paso". Proverbio hindú

"No hay más que un modo de dar una vez en el clavo, y es dar ciento en la herradura". Miguel de Unamuno

"La paciencia tiene más poder que fuerza". Plutarco

"El hombre puede aguantar mucho si aprende a aguantarse a sí mismo". Axel Munthe

"Cuando fuiste martillo no tuviste clemencia, ahora que eres yunque, ten paciencia". Refrán

"Casi no hay cosa imposible para quien sabe trabajar y esperar." Fenelón

"¿Cuál será la diferencia entre tener paciencia para nada y perder el tiempo?". Pablo Neruda

"El mejor fuego no es el que se enciende rápidamente". George Eliot

"La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces". Proverbio persa



En resumen:
"No se ganó Zamora en una hora".

02 febrero 2007

El misterio del guante azul

Esa mañana llegaba pronto a la facultad. Quería desayunar tranquilamente antes de la primera clase porque ya que me había despertado con ganas de ser responsable, no iba a faltar a primera hora echando mis deseos de renovación por tierra. Era el primer día de curso del nuevo año e ir a clase, aunque me pesara, era uno de mis buenos propósitos. Al salir del metro recogí el papel publicitario que me ofrecieron sin ni siquiera mirar qué tenía escrito. Di las gracias al repartidor que los lanzaba con redonda cara de amanecer y lo metí en el bolsillo. “Maldita propaganda”. Esperé en el paso de cebra a que el semáforo se pusiera en verde. A mi alrededor, una marabunta espera impaciente retomar el camino. Vaya agobio de multitud. Y me enciendo un cigarro pensando en el pobre trozo de papel y en su corta vida a manos de la marabunta nerviosa que lo ha cogido por puro reflejo y que lo ha tirado segundos más tarde por pura comodidad. La mayor parte de los pedazos de celulosa se han quedado desbordando la papelera de la salida del metro y tiñendo de azul el suelo. ¿A dónde irán a parar los papeles de la propaganda? ¿Realmente servirán para algo? Les dedico un breve pensamiento y rezo por su pronto reciclaje. De repente, un llamativo color azulado en el paso de peatones llama mi atención. El chico con gafas que está delante de mi aún tiene el papelito en la mano y, para mi sorpresa, no sólo lo conserva, ¡sino que lo está leyendo! ¡Ja! Increíble. Me pregunto de qué facultad será... Sonrío al darme cuenta de que hay una chapa en su mochila que dice “sígueme”. Tiene los pantalones rotos y del bolsillo de su chaqueta sobresale un guante. Cuando el semáforo cambia de color el chico de las gafas se pone a andar rápidamente. Se nota que tiene prisa. Yo creo que realmente ni siquiera estaba leyendo el papelito porque ha estado moviéndose incómodo todo el rato mientras esperaba cruzar. En cuanto la luz le da permiso sale despedido y atraviesa corriendo el paso de cebra. Por culpa de su exceso de prisa, se le cae el guante en medio del frío asfalto. Parezco ser la única que lo ha visto, o la única que ha dado importancia a la pérdida del guante. El caso es que me agacho y lo recojo sintiéndome por un momento una especie de heroína anónima.
Al levantar la vista, el legítimo dueño había desaparecido tras un autobús que arrancaba con un sonido que más bien parecía un lamento. El “sígueme” de la mochila me hacía sentir como en una historia policíaca. Me puse a correr esquivando el autobús: no podía perder mi objetivo. Además, era un guante desparejado y al fin y al cabo ¿qué hacía yo con un guante desparejado? Lo justo y lógico era que la pareja estuviera unida. Aparté de mi camino a un par de jóvenes maquilladas con buen pulso matutino y tras esquivar varios maniquíes más y alguna que otra cara enrojecida por el frío vi más adelante al chico de las gafas. Llevaba un abrigo de lana negro y una bufanda roja que se le escurría por el cuello. Le grité “Eh, eh!” pero no se giró. Se dirigía a mi facultad y le vi adentrarse en la cafetería justo a tiempo para no perderle de vista. Imaginarme la chapa de “sígueme” me hacía sonreír de nuevo mientras andaba sobre sus pasos. Pensé en que él era un conejo negro y yo una Alicia loca. Era un comienzo cuanto menos gracioso para un lunes por la mañana. La cafetería estaba casi vacía así que iba a ser fácil encontrarle: apenas habría unas mesas llenas. Al menos eso fue lo que pensé cuando el aire cálido del interior me lanzó en la cara el olor del primer café. Pero el conejito tenía más prisa de la que yo creía y no se detuvo ni a desayunar. No estaba en ninguna de las mesas. Aún no había casi nadie en la cafetería por lo que era fácil descubrir con sólo un vistazo que mi chico del guante solitario había pasado totalmente de largo. Es igual, pensé, tampoco habrá podido ir muy lejos. Fui a mirar al pasillo de los porros. No hubo suerte. Subí a las mesas de la segunda planta. Quizá había quedado ahí con alguien. Tampoco. ¡Pues menudo chasco! Aún quedaba un cuarto de hora para que empezaran las clases. “Tiene que estar por aquí cerca”. Pero no había ni rastro del chico en ningún piso. Ni una mísera flecha en el suelo, ni gato guía invisible... nada. Ni siquiera una rama rota en alguna triste planta de interior con hilo de bufanda roja incluido. Ahora tenía un guante entre las manos y sólo cinco minutos para apurar el café. Bajé a la cafetería y metí el guante en el bolsillo enterrándolo junto a mi mundo de las maravillas.
Nunca me habían gustado las máquinas de tickets de la cafetería pero esa mañana decidí que, definitivamente, las odiaba. ¿Por qué tenía que rechazarme siempre el billete de cinco euros? Cuando por fin se imprimió el ticket pedí con urgencia un “cafelito” al camarero esmirriado que mira con aire de guasa todo el día. No me importó que estuviera demasiado caliente. Esta vez me lo bebí de un trago y salí por la puerta directa a clase. De repente, el conejo sin guante me encontró a mi.
Era un poco más alto que yo, con la piel morena, delgado. Andaba arrastrándose lentamente, como si todo lo que llevase, una simple mochila con un “sígueme” impertinente y una carpeta, se le escurriera constantemente sin que pudiera hacer nada por impedirlo. Bajo un desgastado sombrero marrón se le escapaban unos cuantos mechones oscuros.
“Hola, perdona, ¿tienes tiempo para hacer una encuesta?” Se subió las gafas y me miró con aire interrogante. ¿Tiempo? Pues a ver que piense. He estado buscándote por toda la facultad, casi me quemo la lengua con el café y voy a llegar tarde a periodismo especializado... ¡Por supuesto que tengo tiempo para hacer la encuesta! ¿O creías que me iba a marchar sin desentrañar el misterio del guante azul? Nos sentamos en las mesas de la cafetería. Abrió su carpeta y sacó tres folios grapados. La encuesta famosa iba sobre las aficiones de la juventud española y básicamente consistía en contestar preguntas relacionadas con mi tiempo de ocio y con cuánto dinero estoy dispuesta a pagar, como joven estudiante, por pasármelo bien.
Mientras el chico iba hablando repetía constantemente coletillas como “claro, claro” y "vaya, vaya" rascándose la frente. Estaba nervioso o era nervioso, no lo sé, pero yo tenía su guante en el bolsillo y todo me parecía muy divertido. Al acabar me dio las gracias. Normal, nadie quiere nunca responder encuestas y menos a estas horas. Seguro que yo era la primera víctima inocente del día. Miré cómo se levantaba y enrollaba su larga bufanda al cuello. Estaba a punto de comentarle el detalle de la pérdida del guante azul cuando echó un vistazo a su reloj de pulsera y se despidió atropelladamente. “Tengo mucha prisa, lo siento” y me quedé sola. No me dio tiempo a hacer nada. Ya había salido por la puerta de cafetería cuando me di cuenta de que ahora se había dejado la cartera encima de la mesa. Vaya. El conejo negro con reloj digital no sólo era rápido: era un verdadero desastre. Salí corriendo para devolvérsela pero ya no le encontré. Volví a la cafetería y me senté en la mesa. Parecía que este chico quería hacerme dar vueltas por todo Madrid hasta devolverle sus despistes matinales. Abrí intrigada la cartera en plan detective privada intentando resolver un crimen. Estaba llena de papeles. Igual de desordenada que la mía. Había varias tarjetas y carnets cada cual más curioso. Tenía desde un abono para el parque de atracciones hasta un carnet de socio de un club de jazz. Sin embargo, lo más curioso de todo, y que por poco creí estar loca cuando lo vi, era su DNI. Bueno, de hecho, era “mi” DNI. Sí, como lo cuento. Alucinante. Justo el mismo DNI que me robaron el verano pasado en aquel garito de Granada aparecía de repente dentro de la cartera del chico del guante. Todo aquello era muy raro. Estuve un tiempo sentada en la mesa pensando medio en trance. No me lo podía creer. Hasta que, por fin, llegué a una conclusión que explicaba al menos parte de los hechos. La rara historia del lunes dio un vuelco repentino y una enorme mandíbula gigante me engulló entera desde la cabeza a los pies. He aquí la cazadora cazada.

01 febrero 2007

niña buena

torneo de malvadas
hoy me asusta la vida
garganta con miedo
y el amor trepando

torneo de malvadas
gano el primer premio
luces, aplausos
pero sin beso perenne

batalla de envidia
se meriendan celos
y yo la malvada,

la copa de la noche

31 enero 2007

Malditos exámanes

cosas que deberían inventarse en este mismo instante

-Aprender sin estudiar, vía intravenosa
-Leer la mente con un microchip invisible
-Que la nevera se llene sola y prepare manjares
-El teletransporte de besos

30 enero 2007

mayoría absoluta


pedazos de colores en la caja de zapatos
ya no hay puerta, no hay ventanas: se han caído las paredes
y ahora, sola y montaña rusa
paseando vértigo cándido

perdí el tacto en las heridas
rocé la quiebra con las manos
y ahora, sola y montaña rusa
regalando fósforo de un día

pedazos de colores en la caja de zapatos
el sabor más intenso en mi mente
siente el carril, cada vez más dúctil
bajo mi suave mando de acero

29 enero 2007

atalaya sinabrigo

atalaya se presenta con el sombrero en la mano. se levanta lentamente de la silla y se sitúa, temblorosa, en el centro del círculo. "me llamo atalaya y soy ludópata". los demás la miran con indiferencia asumida, "otra ludópata suelta por el mundo", y siguen cada uno pensando en sus cosas. ella se retira con su sombrero sobre sus pasos de botas rojas de goma. se vuelve a sentar en la silla. suspira. al fin y al cabo no ha sido para tanto. del bolsillo de la chaqueta saca una pequeña bolsita de plástico y se lleva a la boca una gominola verde. merecido premio. las gominolas nunca fallan: siempre son dulces suceda lo que suceda a su alrededor. una vez, de niña, una compañera del colegio robó un puñado de ellas en el kiosco de la señora rosa y le dió unas pocas. ambas se las llevaron rápidamente a la boca, eliminando de un bocado las pruebas del delito. atalaya sentía que a pesar del dulce en su lengua, eso estaba mal y no pudo evitar la sensación de culpa a medida que se deshacían los rojos, los amarillos y los violetas entre los dientes. aquella noche soñó que una piruleta gigante con la cabeza de la señora rosa le extraía las gominolas del estómago con unas tenazas.

28 enero 2007

retales

Muerde el polvo. Ya había olvidado el olor ajeno que el sexo vacío impregna en las sábanas. El sabor del tacto novel se había adormilado en el cuarto oscuro de los castigos y durante un tiempo creyó totalmente desterrada de su vida la caricia que no aprende; la que tampoco exige. Sin embargo, aquella mañana, bajo el despertar tembloroso del abrazo virgen, sintió de nuevo el orgasmo anónimo sobre muslos extraños y prometió no creerse nunca más estatua en el camino. Minutos más tarde, mientras cavilaba bajo el agua de la ducha, no podía evitar sonreír ante su propio cuento. Caemos en la trampa de lo inevitable como gotas en un lago, predestinados a licuar los pecados una vez cometidos, a fundir nuestros capítulos en un solo libro apestando a coherencia...

27 enero 2007

heartbeats

hoy siento tu ausencia hiriente de aguja sin hilo
coser mis pedazos que añoran

hoy soy canción que muerde al borde
porque tu niebla gira en mi mano
y es esfera que no abraza

lenta como crecer de hierba
como piel que renace
diluyo las aristas de tu cuerpo
en cada esquina que acecha

25 enero 2007

voces

de repente, como todas las cosas que de verdad te cambian la vida, la luz del final del túnel ahora es demasiado clara y sin embargo, parece que se esté alejando cada vez más...
-

ayer se me rompieron las sandalias cuando estaba volviendo a casa de la playa. La arena estaba ardiendo y por poco me quemo los pies. Qué daño. Aún me quema cuando me acuerdo. En ese momento pensé en que estaría bien que apareciera una mullida alfombra roja sobre la que pasearme elegantemente de camino a casa. Pero al parecer, es cierto que eso sólo ocurre en las películas. Justo al llegar al portal me encontré una bota de montaña tirada al lado del contenedor. Vaya mierda.
-
Siento que he cambiado, de verdad. Hay algo que me dice que ya no soy el mismo, que el que está ahora aquí hablando con vosotros no es el que lo habría hecho hace, no sé... ¿pongamos un par de años? ¿Os estáis dando cuenta de qué significa esto? Hay cosas que de verdad cambian la vida, tíos. Hay cosas por las que uno es capaz de cambiar... Está decidido: voy a dejar el tabaco.
-
Esa mañana me levanté con unas ganas horribles de fumar. No tenía tabaco. El único resto de piti decente que encontré por la casa para llevarme a los labios estaba tirado en el sofá totalmente despedazado por la chinchilla. Las briznas de delicioso tabaco rubio yacían sobre el cubrecamas de una forma tan insultante que tuve que apartar los ojos para no llorar.
-
Creo que he empezado a odiar la música. Siempre fui descoordinada y un tanto arítmica. En las fiestas jamás bailé y me dedicaba a seguir el ritmo cabeceando ligeramente más por causa del alcohol que por necesidad de expresión corporal. La gente me preguntaba qué tal lo estás pasando, te gusta el sitio, muévete un poco, mujer, pero nada. Una vez lo intenté. El chico guapo con la copa azul me miró raro. No se despidió. Aquella noche dormí sola.

23 enero 2007

Ad Marginem

te escribo desde la primera mirada porque con ella se derramó toda la tinta que debo gastar, letra a letra, para dibujar tan sólo ese primer hielo de tus ojos en los míos. y sentir que el tiempo es marioneta girando en mi estómago, durmiéndose en medio de sueños contigo, que el alma es en verdad cuerpo y que la rompió un segundo de intuiciones.
te escribo desde la primera mirada, parábola de un beso. desde la primera vez que me quedé aletargada en tus brazos aspirando tu cuello y reconociendo tu olor como si en realidad fuera un recuerdo dormido en la memoria. memoria que en este instante escribe y evoca desdeñando las palabras porque comprende que no hay palabra posible que pueda describir tu tacto en simple papel. te escribo desde un vuelco de corazón asomado a la ventana, mirando verano y lunas, quererte y querer estar contigo.



inútil

22 enero 2007

compás

  1. sobre música que se hace carne
  2. empiezo a derretir notas
  3. y lenta porque estoy triste
  4. llamo al sueño con los dedos

16 enero 2007

Réquiem


déjame tratar de endulzar todos los momentos amargos
ser cristal que ilumine, a pesar de la niebla, huella feliz en la memoria

déjame ser sin miedo, ganar tierra en tu orilla
y vivir como azúcar del alma al borde de tu abrazo

14 enero 2007

3_ ...y promesas

Hay latidos que dicen que existe a medida que camino por la calle. Paso sí, paso no, la evidencia de su posible cercanía me mantiene alerta. A veces esos latidos, esperanzas permanentes, dejan de oírse y mi letanía deriva en llanto. Es la aguja en el pajar donde almaceno amores, donde cosecho alegrías arañadas a fuerza de trepar por labios. Sin embargo, ese palpitar del verbo no se extingue ni se pierde. Sigue siendo fuerza última en mi camino.

2_ encuentros


El día que le conocí me robó el reloj. No fue un robo sutil precisamente. Siempre supe que era un ladrón porque yo misma le vi entrar y coger el reloj de mi escondite con sus propias manos. Se lo guardó bajo la piel y desde entonces me dirige en silencio, sólo con los ojos redondos. Cuando quiere detiene el tiempo en mi boca, lo deja resbalar, líquido y dulce. Y podría desechar horas como pétalos a su lado. Otras veces, me hace ir rápido, me coge de la mano y echa a correr sin ni siquiera pensarlo. Me lleva de visita por su vida como si fuera un parque temático y yo sentada en el oscilante vagón observando su sonrisa de niño grande... Pero no me importa dejarle jugar con mi tiempo. La primera vez que le miré perdone ese pecado de antemano.

1_ pérdidas,

En los últimos meses empezó a convertirse en un fantasma para mi. Apenas le veía y su presencia difuminada en la memoria sólo servía para colorear una porción de años pasados como páginas enmohecidas de un libro. Él era el hueco completo, en ocasiones carente de sentido, que ocupaba ese vacío en mi recuerdo.
Ahora, meses más tarde, ya es completamente transparente. Se ha desdibujado con el tiempo por la falta de encuentros ocasionales o citas premeditadas. Si le viera por la calle a lo mejor incluso tardaría en reconocerle entre las brumas y es que ha goteado hasta el último suspiro a fuerza de extinguir las llamas. Sin embargo, cuando le siento tan distante, distancia mantenida a pulso, no puedo evitar lamentar la pérdida de esas páginas que alguna vez fueron reales y parte de mi sustento. La ausencia se repite fielmente y siempre genera la misma herida. Aunque sea causada por fantasmas que alguna vez decidieron morir y ser humo.

21 diciembre 2006

Y más esquimales...

Este poema es de mi amigo David Gimenez. Él también estaba pensando en blanco esquimal cuando lo escribió. A lo mejor incluso escribíamos estas líneas en el mismo momento, porque el caso es que ninguno de los dos le termina de encontrar mucho sentido a esto de los colores y de dar forma a las palabras...



POEMAS DEL FRIO


En vano te hemos prodigado el océano,
en vano el sol, que vieron los maravillados ojos de Whitman;
has gastado los años y te han gastado,
y todavía no has escrito el poema.
Mateo, XXV, 30. Jorge Luis Borges


Dicen los nuevos poetas:
el pingüino diecinueve
me mira con ojos grises
y se rompen las pateras
cargadas de desdicha,
y sueñan los árboles, y te golpean a rajatabla.
No es nada nuevo
el viento y la estela del último barco
endemoniado de raíces
turcas y otomanas, alegres.
Dicen los últimos poetas:
ojo con el tiempo
el oro y mi dios.

Los esquimales distinguimos hasta treinta tonos de blanco.
Y los nombramos.
Hay músicas blancas, y noches blancas.
La foca blanca ardió en la madera
del blanco fuego. En el medio de toda la blancura.
Cielo blanco, lluvia blanca.
Algunos blancos sentimientos.
El alma blanca del oso polar. Todo blanco.
La foca monje, con blancos colmillos, dientes como perlas,
metáfora del blanco.
Puñal de filo blanco. Arpón blanco. Cuerda blanca.
Para la sangre roja, luego helada y blanca.
Todo es blanco en Scagerrat, Kategatt y Suntt.
Todos los blancos, pues, no son iguales.
Madera blanca, pescado blanco.
Blanca pena, como alegría sana y blanca.
Blancura de pensamientos en el alba del frío.
La nada es blanca. Y la capa de armiño es blanca.
Como las blancas ballenas.
Del mismo color blanco que la piel de morsa.
Los esquimales, distinguimos hasta treinta tonos de blanco.
Y los nombramos.
Yo que fui sonero, y que como los poetas
no usaba la mayúscula, ni el estrambote,
yo reverso de la carta, viajé a Finlandia,
para colarle un gol a la aurora boreal.
Tanto, tú no le metes un gol, nialarcoiris.
Pues ahí lo tienes, cuando más blanco estaba
y me miraban los niños, como diciendo éste que hace,
me driblo a un trineo, le hago una gambetta al último oso polar,
y va Innuk, y se come el bote, del roteiro, (quesunnombredebalón),
y le digo, tiraaaa, chúpate esa,
y me pongo a gritar gol, desde todos los idiomas,
goal, digo, en voz en alta, y la gente muerta de frío,
o de risa, que en estos países es lo mismo,
y les digo en finlandés, quesunidioma, “salmón ahumado”

Me encuentro sólo.
El último amor se fue con la prosa,
con el verbo y el alcanfor.
Haces poemas congelados! –me gritó.
Era por la noche de las carreteras.
Era, también, la última noche de Diciembre
-oscuridad de bombillas y tintineos-.
Me dejó un pañuelo de seda
y unas llaves que tirar.
No puedo con los poetas fríos- susurró.
Desde entonces no apago la calefacción,
por si vuelve.
Siempre escribo de palmeras y
batidas de coco, de asuntos cálidos;
y me llamo Brian, como antes.
A veces, en rebeldía, declamo:
“Témpano de hielo, tarde fría”.

19 diciembre 2006

blanco esquimal


Blanco me rodea más que hojas hirviendo,
más que paseos en triciclo por nieve que gotea.
Blanco me come con una avaricia que no es la del negro,
que es más lenta y blanca,
que todas las pulpas de fruta en mi mano.
Blanco derretido a lo largo de mi cama,
con el que duermo y me levanto,
siempre blanco, siempre eterno.
En todos los rincones y segundos, en bolsillo roto y saco vacío.
Así el blanco me enternece como al bebé que no discute lo que bebe,
sino que asume y traga
aún más blanco,
aún más leche desdentada.

07 diciembre 2006

marea


regalando alrededor
aunque sólo ansío espacio
hilar dentro de la rueca
posible jugo sediento

regalando alrededor
cartas hechas de trapo
hueco libre en la marea
reclamo para ser pasto
sabed que entre las locuras
busco azares salados
por eso, bajel inhiesto
zozobras en mi tormenta
por eso, trémula distancia
hago eco
humo
sonrisa

reina de corazones

El símil de la vida y la baraja me resulta tan insultantemente cierto a veces... la metáfora perfecta para definir el recorrido de la suerte con carteles luminosos. La vida es o bien como una caja de bombones o bien como una partida de cartas. Pueden elegir ustedes la comparación que prefieran, pero yo me quedo con el sinsabor implícito de estas últimas, porque, al fin y al cabo, siempre puedes elegir otro bombón de la caja pero nunca puedes cambiar las cartas obtenidas por azar. En la primera metáfora hay opción, hay libertad para elegir; en la segunda, no. A partir de aquí todo depende de si eres buen jugador. No hay posibilidad de cambio.
Yo ya no sé si es que tengo suerte, si es que soy muy optimista o, simplemente, resulta que soy buena jugadora...

26 noviembre 2006

cuenta atrás

5

4

3

2

1



operándome

hoy y la soledad abrasan mi garganta
dándome respiro al azar
completando en espirales
el exquisito cercenar del cuerpo

hoy y la soledad se reparten mi corazón
disecan tristes melodías engarzadas
huellas para dos escondidas bajo la piel

hoy he dado a luz recuerdos
hoy empieza otra vida
y tu huella en mi lamento
asciende, palpita, humea

18 noviembre 2006

putas tristes, alegremente putas

dice gabriel garcía márquez que "el corazón tiene más cuartos que un hotel de putas".

03 noviembre 2006

Trip to London


londres derrocha magia con las manos abiertas... el sitio acertado con la gente acertada, nada puede salir mal, no?
gracias por los recuerdos. son el mejor tesoro: no pesa, no se puede perder y siempre permanece lo mejor del mismo.

¿quésecuece?

una taza de harina, media de agua y esa soy yo batiendo las alas
hundiéndome cada vez más densa
cada vez más pan en el fango de tus ojos
y es la promesa del fuego lo que me mantiene a la espera
con la impaciencia agarrada a la muñeca en este tonto jugar de niños


soy libro abierto sin recetas
galletas con imposible
tan dulce
tan deseo
tan escalera que crece con los años
decídete a cocinar mis ruegos
a ponerle el punto justo de sal a esta historia de brasa enmohecida
no me costaría llanto el descubrirte porque ya me has arrancado las pestañas
porque mirarte me ciega en la hoguera
dentro de una triste cazuela de barro

llámame "cocinera de besos"
y a mi deseo, "devenir descalzo"
llámame "tierra que llama"
y a mi pasión, "rayo que no cesa"

02 noviembre 2006

inconcluso


quiero colorearte la vida con los dedos
con esa pintura brillante que dura pocos días
que no sobrevive al exterior
.
quiero imprimir huellas en tu pecho
demostrar que a veces es mi almohada
que tu torso es reposo y temblor
.
te haría de arco iris sin flecha
pero paciente, con miedo a tu cuerpo de jaula
a que me atrape esa piel de colores
a pesar de nuestro lejano mundo
.
quiero reservarte unos días en mi cama
y pintarte con los labios, con cautela y conciencia
quiero terminar de ver cómo se vacía nuestra bolsa de palabras
rellenarla con abrazos que no existen sino en letra

01 noviembre 2006

empiezo a odiarte pero aún no sé cómo terminar...

si no fuera por la hierba mojada, si no fuera porque hace tiempo que ha amanecido y que cruzaste la calle, si no fuera porque me das miedo, te llamaría por teléfono. pero ahora no es hace 5 días. ahora no surgen los besos espontáneos. ahora no somos uno sin importarme, como nunca antes me había importado, el lugar. ahora mismo. dime cualquier lado. cualquier parte y seguiré bailando contigo. pero son las 9 de la mañana y la rave no te encuentra. mientras, yo me pierdo en ella. pobre mendiga. me dan lástima tus miradas. lástima de mendiga

no puedo seguir el ritmo
está atascado en mi cabeza
baila presente en la mandíbula
baila sobre tu cuerpo de rosa amanecer
-
no puedo seguirte los pasos
ni obviar las baldosas que pisas
por terror al vacío de tus lados
sigo llenando vida con agua estéril
sigo siendo cuerda floja
enredos y máscara de plastilina
-
dame esa oportunidad
sin focos tenues ni mano ajena en pantalón ajeno
dame esos segundos que sabre apreciar con creces
con avidez de lo que espero
más por tiempo que por herida
-
te sacaré la máscara a bocados
a rápida oleada de caricias

30 octubre 2006

soydos

apriétame sin soga, sin descaro, sé agua
odio el reflejo de mis días
y exijo palpitar ausente

Soydosunidas

apriétame con manos, con fuerza, hazme viento
podré ser regalo inútil de polvo y estantería

28 octubre 2006

tren

Mi vida viaja en un tren veloz que no retiene los segundos. Los momentos compran sólo billetes de ida, entran en el vagón y desaparecen en cuanto se reanuda la marcha. Son tan inconsistentes que se vuelven humo en los sillones y se escurren por la ventanilla hacia el cielo, perdiendo de vista las vías de mi camino...

-
Para el pedestal de tu estatua quiero velas
pequeñas luces de no retorno
lloraré la pérdida
saciaré el luto
seré viuda eterna en la memoria
-
Perdida entre estatuas de piedra y paja
que pueden venerarse sin heridas

50%

A veces ser breve es el mejor modo de completar un momento. Una sola palabra puede abarcar el significado justo de todo aquello que queremos expresar. Yo quiero encontrarla. Normalmente las suelo desperdiciar. Peor aún, las suelo manchar, empobrecer... Sin embargo ese es un camino que sólo podemos recorrer a través de las letras. En la enfermedad se encuentra el remedio.
A veces es mejor no desear nada, no vaya a ser que se cumpla. Últimamente ya tengo miedo de empezar a desear algo... Pero no puedo evitar ser una caprichosa. De nuevo enfermedades y remedios unidos. Creo que este remedio se llama "hastío". Y la enfermedad, "parodia".

29 septiembre 2006

Samsara


Sentir nuestro propio límite, no sólo el límite del cuerpo, sino la barrera que confina nuestra mente, es una sensación tan humana que me alivia saberme tan comprendida. Siempre he admirado la perfección de la naturaleza, su omnisciencia innata de la vida, en fin, esas ironías curiosas que te asombran a veces como la negación de la negación hegeliana o el significado del samsara hindú... El caso es que hoy he sentido esos límites palpándome por fuera y dentro del cuerpo, haciendo presión en varias direcciones, abordando mi pequeña y frágil embarcación con insistencia impertinente... Restricciones desoladoras de ser humano.
Sin embargo, Gea, en su impoluta y descarnada imperfección, funciona muy bien. Lleva demasiados millones de años haciéndolo sola, sin que nadie la dirija, como para que nosotros pretendamos corregirla en las últimas páginas del libro alegando nuestros pequeños defectos de fábrica. Sí, es cierto, tenemos miles de acotaciones físicas y mentales. Formamos parte de algo etéreo aunque no queramos darnos cuenta... Nos estamos creyendo dioses de nuestro destino y nos sentimos con derecho a protestar al descubrir nuestros propios límites... Lo curioso del tema, y aquí retorna esa idea deliciosa del devenir, es que esos frustrantes límites son a la vez tan desalentadores como necesarios. Tan producto de la naturaleza que no puedo evitar sonreír ante la imagen de los pequeños bichitos humanos protestando enérgicamente por algo que encima les ayuda a seguir vivos: las dificultades. Deberíamos estar agradecidos en el fondo por nuestros límites, por la oportunidad que nos brindan de superarnos... Límites que ahora me ahogan a mi por no sentirme capaz de lograr algo que deseo; límites a los que mañana tú dedicarás un segundo de resignación al saber que no has aprobado el examen; aquellos que ella maldice por impedirle viajar por amor; que provocan accidentes de coche con 2 muertos y 1 herido de los que conoces el nombre y la mirada; que te alientan a esforzarte más para obtener lo que anhelas... Límites necesarios para no disfrazarnos por completo de dioses, para podernos reconciliar con Gea y volver al seno. La frase de “dar un paso atrás para coger impulso” tiene tanto, tanto sentido en este momento...

28 septiembre 2006

suavemente

eres lento veneno y camino en la sangre
letal cauce
sin prisa recorre
-
eres único aviso de daga heroica
arma victoria y mi latido inerte
-
devenir
justo acontecer
para esta quimera del oro

26 septiembre 2006

Mi Lu

mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
con sus melimeleos
sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios
limbos y gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar
más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía

(Oliverio Girondo)

Oliverio Girondo

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.


Acabo de descubrir este poema del escritor argentino Oliverio Girondo y creo que me he enamorado el doble...

19 septiembre 2006

Al fantasma

es curioso el cómo tendemos a hacernos ilusiones. De repente empiezas a hinchar el globo de la felicidad y antes de que te des cuenta es ya demasiado grande, comienza a elevarse por encima de los edificios y es imposible desincharlo si no es con una buena aguja de la desilusión. Me sonrío a mi misma al darme cuenta de mis propias historias de amor inventado y rehecho. ¿Cómo podemos a veces ser tan ingenuos para creernos nuestras propias historias? ¿Acaso no he aprendido aún a quitarme credibilidad cuando estoy triste? Parece ser que no. Pero el caso es que me resultan hasta cómicas mis elucubraciones basadas en la nada, en la simple intuición inexistente. Tengo entre mis manos un globo que lleva hinchándose unos cuantos meses a base de sueños y oráculos personales indefinidos: señales que sólo veo yo. De repente me he dado cuenta de que estoy echándo de menos a un fantasma que a penas conozco, del que sólo tengo vagas referencias y algunos apuntes mentales de días dispersos. De repente me apetece escribir sobre mi amor platónico secreto y le dedico unas líneas tangibles que ponen un punto y a parte a este devenir de sueños. El problema que esto acarrea es que en vez de hacerse más real, empieza a alejarse de mi. Demasiadas espectativas probablemente. A lo mejor después necesito una aguja enorme, pero los sueños siguen siendo gratis y tan bonitos que ya no sé qué opción es la mejor...
espero conocerle pronto y averiguarlo... ¿cuándo llegará el momento?

Comerte

quiero comerme a ese fantasma de ojos dorados
morderle despacio, exprimir sus ruegos
quiero ser vampiro de niebla extensión de humo
y llevar bajo mi capa que alumbra un cuento cada beso
quiero comerte en sueños, fantasma de mediodía
urdir con ojos abiertos la escena perfecta del crimen
el momento exacto de tu muerte a manos de mi boca
quiero que no sientas mi presencia tras la espalda
esperando el instante de tus ojos distraidos
lograr ese mordisco que mezcle nuestra sangre

18 septiembre 2006

Mentirijillas del reloj

El mejor lugar para no pensar ahora serían tus brazos. Y sé que es mentira, por eso no te culpo. Sólo me tranquilizaría tu voz helada. Y sé que es mentira, por eso he dejado de escucharme. Por eso, a pesar de una noche en vela mirando tus ojos, ni te tengo ni te quiero. Sin embargo, qué bien me sentaría en estos momentos robarte una sonrisa, guardármela en silencio en este álbum de fotos nuestras que empiezo a tener en la memoria... Me creería mi propio espejo de la felicidad a tu lado, podría jugar a que somos especiales, a que somos personas que no somos y vivimos un momento que no nos corresponde por derecho sino por destino. Entre tú y yo podríamos creernos dioses de la carne y la necesidad.
Aquí nace la disyuntiva que provoca que todo esto sea tan real como falso: la hipótesis de la duda. El no saber con certeza que es tu piel la que realmente añoro. Ya no sé siquiera qué vestido quiero. Ya no sé con qué piel vestirme porque sólo he coleccionado jirones de los otros, porque los retales que he logrado descomponen mi propio cuerpo.
Y tú estás ahora allí, en el podio de los pedazos, siendo el primero en este Olimpo de historias eliminadas e imposibles. Estás ahí en silencio y poco a poco, dándome y quitándome; jugando tus cartas con equilibrio premeditado; siendo brisa cálida... No puedo evitar sentirme tu reloj de arena y de vez en cuando, creerme nuestra farsa. Si no fuera eso, ¿por qué estoy buscándote en vela?

Cerillas

Cansada de ser vendedora de fósforos hoy descanso en la orilla. Nada me ata excepto los recuerdos y las culpas de luto velando. Hoy la orilla me consume y me ofrece su cama blanda de yedra. Me dice "duerme" y me convence con calma materna, arrastrada.
¿Dónde abandoné pedazos de mi sonrisa? Están llamándome pero sólo llegan imágenes del eco. La vendedora de fósforos para las noches frías se pasea sin abrigo.
Acabo de hablar con Nimia. Ella siempre sabe qué es lo que me pasa y me habla claro porque me conoce. Nimia siempre dice que es mejor evitar los "paños calientes" a la hora de dar un consejo. Por eso sé que tiene toda la razón del mundo cuando me mira con sonrisa cómplice y me avisa de mi actual estado de reencuentro. Según su teoría, después de una gran explosión en la que hemos ido repartiéndonos como pequeños fósforos momentáneos, llega un momento en el que necesitamos volver sobre nuestros propios pasos para cerrar círculos, para recoger trocitos abandonados que siguen llamándonos desde el pasado una vez consumidos... En verdad la explosión ha tenido que ser muy grande porque ni siquiera sé en qué paso fui diluyéndome. Demasiado dar de mi. Demasiado buscar sin abrigo. ¿Por qué no puedo evitar esa expedición por la vida? Exijo una reunificación. Una Atalaya libre e independiente.

16 septiembre 2006

me gustas

me vuelvo suave de manzana bajo tu sombra
se me cae a golpes de voz la corteza de árbol marchito
pasando frío en tu garganta que flota
que me traga sin besos, sólo al hablar descalza

tu palabra es letra fiel que traduce mi rostro
intérprete de llamas de otra tierra
mundo lejano donde duermo contigo
y mi rostro, mi envés que no te engaña

me vuelvo fruta que madura
niña que no crece
aprender con tu mirada

me vuelvo silencio roto
muñeca de trapo ajado
despertar en compañía

rayando madrugadas

sonrisa adentro por saber que tus párpados miran más allá de un sólo respiro
que tus ojos se abrirán con ilusión y luz de alba o luz de noche

sonrisa adentro y susurro que arrastra llevándome en tu bolsillo, plegada en mi propia cuna
naces de puntillas-sin sobresalto, bailándo suave de palabras

05 septiembre 2006

Panales

He visto a mi generación entera palpitar y no nacer
Morder sin alimentarse, escapar sorteando heridas
Les vi retorcer calcetines de puro nervio sentados ante cualquier puerta
Una puerta que da a una vida para la que ninguno pidió hora ni espada
Y por eso esperan su turno retorciendo inconexos calcetines
Futuras huellas en la arena que nunca querrán pisar

Quizá esperan a que Ginsberg paseando un día borracho por la calle de luces rojas
Se fije en ellos les guiñe un ojo y les invite a tomar un trago
“entra, coge lo que quieras, la vida es tuya” y un sinfín de líneas huecas
O quizá se inventan su Maga particular y desean que sea ella quien les arrastre por la vida, alejando con su risa de plata las cajas negras que consumen sin querer pero a conciencia
Todos ellos tiritan rezagados detrás de una moda con dientes de ajo
O de un coche que no pesa o de esas pequeñas cajitas que guardan todo menos aire
Todos ellos adversos pidiendo piando fuego para su nido y dinero para tener sangre
Son aquellos que odian las cadenas de comida rápida, que atracan panaderías, que plantan flores en la acera
Los mismos que desechan ocasiones saltando primero por el puente de la deriva
Agotando vida ante una televisión que no comprende a nadie
Los mismos que odiarán haber sido jóvenes y nunca niños
Miembros sin carnet de una sociedad secreta olvidada

He visto a futuras cantantes de ópera revolcarse con futuras abogadas grises
Defensoras del prozac y de la libertad de puertas a dentro, todas ellas amigas de lo eterno, de los parches anticelulíticos, de los muchachos de ojos rasgados.
He visto dos amigos que creyeron ser tres o cuatro o uno o se murieron
Y las dulces mentiras de ojos rojos en los baños
Y también a la chica loca del quinto izquierda, que se consume a sí misma
Lentamente avariciosa
Soñando robar algún día una torre Kio y sembrar el caos en la Castellana con su disfraz de catwoman,
aplastar por fin esas corbatas rayadas que crecen como hiedra
Ser la diosa de las grandes hazañas compasivas
Pero eso no se lo cuenta a nadie nunca la chica loca porque está prohibido hablar de los sueños
Ni siquiera a los jóvenes de pelo largo que se enredan en las farolas, que se abrochan los pantalones tras haber vomitado esa noche en algún rincón de Malasaña
A ellos, además, tampoco les interesa.
Son demasiados para ir juntos, muy pequeños para alimentarse
Lanzan gritos de escape dentro del portal cerrado, paredes sin grietas donde se encuentran porque están aislados
Y defienden la noche como evocan el día, todos ellos, todos solos
Salen en busca de colmillos nuevos y una tarta que morder
Sin avergonzarse de sus pupilas dilatadas trémulas a base del café de las 8
Eligen labios azules, manos tatuadas, sonrisa de MDMA puesta en la frente
Eligen dorados bares donde poder esconder las piernas bajo la falda y los billetes por los que lloran en el escote
Saquean sin mirar en las rebajas de emociones, se perdieron las mejores ofertas que les prometían caminar libres, desoyeron los consejos más oportunos

De todas las generaciones la más perdida y la más hallada
Como todas vocea su patente exclusiva, cuelgan carteles oxidados del cuello
No comprende aún de rostros borrados que miraron hace ya tiempo por sus ojos
No comprende que una tarde sin sol es la misma tarde en pieles cuarteadas
Y añoran todo aquello que aún no conocen y tiemblan al ver la luz del día

03 septiembre 2006

Báilame En Agua


Quítame los zapatos tristes porque esta noche hay baile en mi plaza
Llevaré un vestido rojo cubriendo leves faltas y desecharé pecados abriendo más las piernas
Pon las medias tras el espejo, que esperen solas deseando ser espías, viendo tras lo invisible el baile que no cesa

Esta noche hay baile en mi plaza
Y las farolas de mediodía comienzan a alumbrar la calle
Esta noche vendrán los sueños, los adioses, dioses y amigos
Habrá música de hojalata para verbenas sobrias
Algo de picar para los más cenicientos y contar cuentos en las terrazas

Dame la mano, tú que regalas tiempo
Te invito a venir si alargas las horas

02 septiembre 2006

Mordisco al asfalto



Demostrar el hambre es la mejor forma de obtener sustento. Abrir la boca patentando las garras carroñeras de la vida con la firmeza que da la autosuficiencia. Dentro de la jungla, saciarse uno mismo. No depender del entramado de supermercados fáciles, de restaurantes que le quitan todo el interés a la verdadera esencia del superviviente: cazar en la ciudad. Hoy salgo a la calle dispuesta a descubrir qué placer y sacrificio me reporta ser depredadora desde el estómago.