Cuando me enamoro me pierdo.
Tenía un mapa grabado conmigo y para mi
pero se volantea con los sentidos,
se arrepiente con verdentiras.
Y ya sólo queda polvo, polvo amarillo
que landea los avernos,
mirando antílocas ruestes en mi mano.
La mano, esa ayudante inerme
de mi quéhacer
o laissez faire
de los ácratas gritando.
La mano.
Quién me dirá que no son golpes,
traqueteo vespertino
el que rompe el cerebro
para sacar con sangre los sueños que me tantean.
Cuando me enamoro me pierdo
Y la energía predispuesta
siempre dulciente,
siempre antitética
que soy sola,
se relampiña contra el cristal.
¡cuántos pedazos para contar
juegan, ahora, entre las piernas!
VICEVERSA
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Era la noche de un viernes cualquiera de los muchos que, por aquel
entonces, solía acudir a los generosos conciertos de la sala Edén. En el
escenario M...
Hace 4 semanas
1 comentario:
guapa!
el amor nos pierde...
... pero también sirve para encontrarse...
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